Los Lunes de El Imparcial

Galder Reguera: Hijos del fútbol

Novela

Martes 26 de julio de 2022

Prólogo de Ignacio Martínez de Pisón. Seix Barral. Barcelona, 2022. 272 páginas. 19 €.

Por Agustina Atrio



Hijos del fútbol, el primer libro del escritor bilbaíno Galder Reguera, fue publicado por primera vez en 2017 y este año volvió a editarse por Seix Barral. Como el título de la obra adelanta, la pasión por el fútbol es el tema central de esta narración autobiográfica. La relación del narrador con este deporte es compartida por generaciones de hombres (el abuelo, los hijos) con cuyas propias historias se entremezcla.

La novela también habla de la vida y algunos de sus temas, como la paternidad, la infancia o el paso del tiempo. Pero es una vida atravesada por este deporte. Es por eso que para quienes el fútbol -no como juego sino como pasión- nos es algo ajeno, indiferente o hasta molesto, puede no ser el libro más adecuado.

En Hijos del fútbol se suceden recuerdos de la infancia y la adolescencia del autor, reflexiones sobre el deporte, diálogos internos de un adulto que contempla su sueño frustrado de la infancia con nostalgia -el de ser futbolista, como quien quiere ser astronauta o cantante de rock-, y las preguntas que un padre se hace al comprobar que su locura o su virus, como llama a su pasión, se le ha pegado a su hijo.

En sus páginas, Galder nos hace viajar siguiendo el hilo conductor del fútbol por los pueblos y ciudades en las ha vivido, viajado, jugado o visto un partido, especialmente en Euskadi, donde se encuentra el club de sus amores: el Athletic de Bilbao. De este modo nos adentramos en los recuerdos del abuelo querido, los viajes en auto con la radio puesta para escuchar el partido, los picaditos de la infancia, y las amistades duraderas y momentáneas de la adolescencia. Son estos recuerdos, así como las anécdotas entrañables de la relación con su hijo Oihan, las partes que disfruté del libro, aquellas que de a momentos trasladan al lector a su propia infancia y a sus recuerdos detrás de una pelota.

Hijos del fútbol no es, sin embargo, una idealización de este deporte. Reguera nos presenta aspectos positivos y negativos del mismo, y este es uno de los puntos más interesantes del libro. En él no busca solo hablar de “cómo la práctica deportiva nos hace mejores, del descanso intelectual que te otorga la condición de hincha, de la infancia, de los juegos con los amigos y los tiempos que nunca volverán”, como sucedía en un encuentro de escritores sobre la relación deporte-literatura al que asistió. El escritor persigue tratar también “su reverso tenebroso”, “su contrapunto” (p. 97). Donde puede encontrarse camaradería de equipo, puede haber, al mismo tiempo, bullying, burlas y sufrimiento por no ser demasiado bueno. Donde hay una pasión, hay detrás también un negocio millonario.

Y sin embargo, hay páginas cargadas de una violencia que me han dejado un gusto amargo durante la lectura: más allá de la división de un “ellos” y un “nosotros” propia de la rivalidad característica que genera este deporte, hay varias referencias a querer “romperle la cara a golpes” (p.191) a alguien o la celebración de que tus amigos se agarren a piñas por ti luego de un partido. “¿Había mayor declaración de amistad que la de partirse la cara por alguien?” (p. 178). Así como las páginas sobre su abuelo o sobre su hijo me transmitían un cariño que me invitaba a seguir leyendo, estas otras me provocaban cerrarlo. Sentía estar leyendo un libro para ciertos hombres, sobre hombres (los personajes femeninos apenas si aparecen), y que encima se pegan.

Hay más que eso, sí. Y siempre una pelota de por medio. Si esta no le es particularmente sugerente, recomiendo entonces elegir otra lectura.

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