Los Lunes de El Imparcial

Colm Tóibín: El mago

Novela

Martes 26 de julio de 2022

Traducción de Antonia Martín. 568 páginas. 22,90 €. El escritor irlandés publica una excelente biografía novelada de Thomas Mann, donde indaga en los abismos del Premio Nobel. Por Carmen R. Santos



En el filme Muerte en Venecia podemos disfrutar de dos talentos: el de su director, Luchino Visconti, y el de Thomas Mann, autor de la novela en la que, con licencias, se basa la película. Pero, claro, además de este título, el escritor alemán dio a la imprenta obras maestras, empezando por Los Buddenbrook, escrita por Mann con poco más de veinte años y publicada en 1901, que cosechó un éxito inmediato y en la concesión del Premio Nobel, en 1929, el jurado la citó expresamente.

Recordemos que Los Buddenbrook se centra en el devenir de una próspera familia de comerciantes de Lübeck, desde su apogeo hasta su decadencia, entre 1875 y 1877, y que encierra elementos de autoficción, empleando un término hoy tan en boga. En su Relato de mi vida, el propio Mann apunta que Los Buddenbrook había “una estilización de experiencias personales y familiares”. Precisamente en Lübeck es donde nació Thomas Mann, en 1875, hijo del matrimonio formado por Thomas Johann Heinrich Mann, senador y comerciante, y Júlia da Silva Bruhns, que vino al mundo en la ciudad brasileña de Paraty. La pareja, de dispar personalidad, fue, sin embargo, más o menos bien avenida, y tuvo, aparte de Thomas, otros cuatro hijos: Heinrich -también escritor-, Julia, Carla, Viktor (1890-1949).

En Lübeck arranca esta soberbia biografía novelada de un autor imprescindible de las letras europeas que nos sirve el novelista y periodista irlandés Colm Tóibín, que no es lego en este enfoque, pues ya hizo lo propio, aunque circunscribiéndose a un periodo limitado de su vida, con Henry James en su The Master, retrato del novelista adulto. Tóibín se ha documentado con profusión en textos del propio Mann, especialmente sus diarios y correspondencia, y en estudios y biografías sobre el personaje -al final del libro se da una amplia lista de las obras consultadas-, pero logra que toda esa documentación no entorpezca el relato ni pese sobre él, consiguiendo sacar de su personaje, sin duda tan complejo como fascinante, todo el partido.

En apariencia, Thomas Mann era un burgués de vida ordenada, precisa, a quien marcó la rigidez de su padre, que quería que siguiera sus pasos como comerciante y le ve, según dejó consignado en su testamento, proclive a adaptarse a “una ocupación práctica”, frente a su hermano Heinrich, al que achaca estar dominado por la fantasía, la irreflexión, el desinterés por los demás y la falta de disciplina, y cuyas veleidades literarias condena. Pero también por sus venas corría la sangre de su madre, la vitalista Julia, que hablaba a sus hijos de “su país natal, Brasil, un territorio tan inmenso, afirmaba, que nadie sabía cuántas personas vivían en él, cómo eran ni qué idiomas hablaban; un país que multiplicaba muchas veces el tamaño de Alemania, donde no había invierno ni helaba nunca, ni siquiera hacía frío, y por donde corría un río, el Amazonas”. La dicotomía entre el sobrio mundo de su padre y el que su madre les contaba despertando su imaginación, no es ajena a las contradicciones, los tormentos que bullían en su interior, ese deseo de racionalidad siempre cercado por lo irracional, por la atracción del abismo, así como su conflictiva homosexualidad, que Tóibín aborda pormenorizadamente, y ese desgarro que explota y preside su producción: la ¿irresoluble? armonización entre el arte y la vida.

Casado con Katharina Hedwig Pringsheim, "Katia", que comprendió muy bien la, en el fondo, tormentosa personalidad de su marido, y con quien tuvo seis hijos, las relaciones con ellos no fueron precisamente plácidas, con suicidios incluidos. Con el paso de los años, pareció caer en el olvido que cuando eran niños Thomas Mann les hacía juegos de magia, de donde le viene el sobrenombre de “El Mago”, que Colm Tóibín toma como título para su trabajo, donde nada escapa a su mirada sobre la personalidad, pensamiento y avatares -encuadrados en una convulsa Europa-, del autor de una de las novelas más geniales del siglo XX: Doktor Faustus. Más allá de la anécdota, sin duda, lo que es evidente es que Thomas Mann fue un “mago” de la literatura.

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