Pedro, nuestro Presidente, ya no sabe qué hacer. Ahora juega al “descamisado”, no por la falta de corbata, que también, sino por su último ataque “contra la oligarquía” al más puro estilo peronista.
Sánchez había encontrado a su Evita en la persona de Yolanda Díaz, pero esta le ha salido rana y ha preferido buscar otras compañías y renunciar a la posible sucesión de nuestro Perón, como ya hizo la Duarte en 1952.
Este viernes, Pedro hizo un balance del curso, que fue una puesta en escena típica de los que le organizan los actos, pocos minutos después de conocerse la cifra de la inflación, casi un 11 por ciento, la más alta desde 1984. Sánchez apareció sin corbata, “descamisado”, y afirmó que” se trata de una medida de ahorro”, como pretendió hacer en su día el ministro Sebastián que se encontró enfrente al entonces Presidente del Congreso Bono, todavía sin trasplante, que no apoyó la peregrina idea, ya que “si sus Señorías iban sin corbata, era injustificable que los ujieres de la Cámara la llevaran”. Sebastián, el ministro “bombilla” como le llamaban por aquella peregrina campaña der hacernos cambiar las bombillas por otras en las oficinas de correos, tuvo que “recular”, y Zapatero, su presidente y el nuestro de entonces cerró la polémica.
Ahora, Pedro, sin corbata para ahorrar, abandona las instalaciones de Moncloa en un helicóptero para ir a Torrejón, 24 kilómetros en coche, no sin antes arremeter con nombres y apellidos contra Ana Botín (Santander) e Ignacio Sánchez Galán (Iberdrola), en un comportamiento bastante inusual en un Presidente de un gobierno europeo. Pero Sánchez es así. Quiere ver o inventar a una oligarquía para dar palos con una estrategia de provocación en busca de una oportunidad para alimentar el victimismo de sus maltrechas bases, que ya no saben adónde mirar.
Mucho me temo, que este nuevo peronista de tres al cuarto que nos ha salido, es capaz de sugerir a la Iglesia que los curas, obispos y cardenales españoles dejen de usar el alzacuellos, para evitar sofocos veraniegos.
Sánchez, el “descamisado”, puede incluso “no renunciar a sus magníficas vacaciones pagadas en las estupendas instalaciones del Patrimonio Nacional”. Pero eso es otra película que no se la cree nadie. Ni siquiera Yolanda Díaz, su Evita, que está perdiendo a sus propios “descamisados”. El último, Enrique Santiago que ha dicho adiós a su Secretaría de Estado, a pesar de ser el secretario general del Partido Comunista, con el aplauso no disimulado de Pedro.