Ya nadie se fía de Pedro Sánchez. Ya nadie cree que el "plan de ahorro energético" se aplica para cumplir con Bruselas y reducir el 7 por ciento del gasto en combustible. Porque no es casualidad que España sufrirá el "apagón" durante 16 meses, un país apagado y triste atenazado por una suerte de confinamiento a partir de las 10 de la noche, con los edificios públicos en sombra, las calles en penumbra. Pero el nuevo estado de excepción se levantará justo cuando comience la campaña de las próximas elecciones generales. Y, entonces, se hará la luz. Entonces, España se iluminará para que los votantes se deslumbren con las propuestas del candidato del PSOE.
El presidente del Gobierno no da puntada sin hilo. Incluso la aplicación de las medidas drásticas que espantarán al turismo y perjudicarán a hosteleros y comerciantes, tienen una fecha de caducidad que no puede ser casual. Está pensada con toda la intención de que se haga la luz solo para favorecer los intereses electorales de Pedro Sánchez. Para que España recupere la normalidad y la alegría precisamente cuando más le conviene al Gobierno. Pero, una vez más, ha sido Isabel Díaz Ayuso quien ha denunciado la añagaza: "el fin del apagón- ha dicho- coincide con el inicio de la campaña electoral de las elecciones generales." Y, en efecto, no es una casualidad.
Pedro Sánchez, hasta entonces, aprovechará la oscuridad para seguir con sus maniobras electoralistas, con su asalto a las instituciones y con el despliegue de su Ejército mediático que aplaudirá el éxito de su plan energético y, como denunciábamos en nuestro último editorial, ocultará que el Gobierno despilfarra más que nadie el combustible con el uso y abuso del Falcon, del Super Puma y de los miles de coches oficiales que trasladan al presidente y a sus muchos ministros ecologistas sin reparar en la contaminación y sin cumplir con "el plan de ahorro energético" que acaba de aprobar el Consejo de Ministros, eso sí, descorbatado.