AL AIRE LIBRE

PEDRO SÁNCHEZ, EN CAMPAÑA ELECTORAL

Luis María ANSON | Jueves 04 de agosto de 2022
Pedro Sánchez, al margen de sus aspiraciones europeas que se han diluido...

Pedro Sánchez, al margen de sus aspiraciones europeas que se han diluido por la reacción argelina, ha decidido hacer frente a las encuestas y plantar cara a las elecciones autonómicas y municipales de 2023 y, sobre todo, a las nacionales en las que se juega la silla curul de Moncloa, el Falcon, el Super Puma, los automóviles blindados de la más alta gama, los palacios soberbios y la vida suntuosa.

Casi todas las sustituciones y nombramientos que ha hecho durante el mes de junio se distinguen por el marcado tinte electoralista. Alberto Núñez Feijóo se equivoca si cree que todo está ganado y que la presidencia del Gobierno le caerá del cielo. La política marianita de no hacer nada exige hoy por hoy el rechazo frontal por parte del actual alfil del Partido Popular.

Pedro Sánchez ha enchufado a Maritcha Ruiz Mateos en un hipódromo distinguido porque necesita un jefe de Prensa sagaz y eficaz en presidencia. A la vez ha puesto al frente del Instituto Nacional de Estadística (INE) a Elena Manzanera, que, según algunos, manipulará las estadísticas a la mayor gloria del presidente del Gobierno.

Los dos últimos movimientos del dedo presidencial resultan para los observadores del Partido Popular, inequívocos. Pedro Sánchez no quiere improvisar y pretende tener conformado antes de Navidad un equipo con capacidad para hacer frente al declive del PSOE y al suyo personal

Un respeto para Pedro Sánchez. Cuando Felipe González lo escabechó de Ferraz, todos le dieron por muerto. Pero el cadáver gozaba de excelente salud, arrasó en las primarias a Susana Díaz, se encaramó en la poltrona monclovita a través de una moción de censura y venció en dos elecciones generales.

El desdén político e intelectual con que algunos sectores del PP tratan a Pedro Sánchez constituye un inmenso error. El líder socialista se apresta a dar la batalla, tomándose el desafío con tiempo suficiente para que las prisas y los agobios no enrarezcan sus posibilidades.