Opinión

Rafael Gómez Pérez. Persona y obra

TRIBUNA

José María Méndez | Viernes 12 de agosto de 2022

Con este título acaba de publicar la Asociación AEDOS un libro (Ideas y Libros Ediciones 2022) sobre uno de sus más antiguos y destacados miembros. Abreviaré su nombre por RGP.

Comienza con una extensa entrevista que le hace el Presidente de Aedos, Fernando Fernández. Siguen 17 intervenciones comentando aspectos de la obra de RGP.

Coincidí con RGP en los años 50 del pasado siglo en Roma, cuando ambos pertenecíamos al Opus Dei. Fueron años gloriosos y felices en que la Obra se expandió por todo el mundo. Me entero por la citada entrevista que ha dejado la Obra. Pero la ha dejado “civilizadamente”, por así decir. O sea, con gratitud por lo mucho que allí aprendió, pudo realizar y le sirvió para engrandecerse como persona. Y con total admiración por la extraordinaria personalidad de San Josemaría, el Fundador. Ambos tuvimos la oportunidad de tratarle personalmente. El más que yo.

Dice RGP al respecto. “Entre 1958 y 1975 en Roma tuve trato directo con San Josemaría y de eso he dejado constancia en tres libros. `Trabajando con el Beato Josemaría`, `El hombre que yo ví` y `Memorias de Roma´. Te remito a esos libros , donde se puede comprobar la cercanía, inmediatez, atractivo y humildad de aquel gran hombre, al que quería y quiero de corazón” (Pág. 44-45).

Creo que es la misma actitud que yo tuve, y he expuesto en mi libro “Pienso, luego Dios existe”, también de reciente publicación (Digital Reasons 2022). Nunca he comprendido la reacción de los que han salido “rebotados·” de la Obra. Odian sinceramente después lo que antes amaron con no menor sinceridad. Eso sólo indica inestabilidad de carácter o inmadurez psicológica. Sus amargas críticas “rebotan” sobre ellos mismos. Cuanto más resentimiento destilan sus reproches, tanta más miseria cargan sobre sus conciencias. Y tanta más repulsa provocan en los que tienen sentimientos, que pudiéramos calificar de “normales”.

Hablando más en general, la sociedad es para la persona y no al revés. La persona tiene un destino eterno. En cambio, todo tipo de sociedad se agota en este mundo. Esto vale también para las instituciones religiosas. Son medios aptos para que la persona avance y prospere humana y espiritualmente. Y eso es lo ordinario. Pero las circunstancias concretas de la vida pueden llevar a que esa relación de utilidad deje de ser percibida por algún asociado. Entonces es razonable que prevalezca la persona en cuanto fin sobre la institución en cuanto medio.

Imagino que lo anterior es lo que quieren decir las breves y un tanto enigmáticas palabras de RGP. “A quienes se han preguntado o se preguntan por qué dejé el Opus Dei sólo puedo responder que las confluencias entre la voluntad de Dios y la conciencia personal no tienen patrones rígidos. La singularidad de cada vida, de eso individual en que tanto insisto, no está fijada de una vez para siempre” (Pág. 45).

Dicho esto, lo que más sorprende en RGP es su enorme fecundidad como escritor. Nada menos que 140 libros, sin contar otras muchas publicaciones menores. Más que El Tostado, lo que en tiempos pasados era considerado el máximo insuperable. Eso supone haber leído mucho más. En las diversas colaboraciones del libro se alude con frecuencia a este detalle, de modo directo o indirecto. Lo menos que puede decirse es que RGP ha aprovechado ejemplarmente el tiempo durante los 87 años de su vida.

La segunda sorpresa es la vastedad de sus preocupaciones intelectuales. “Me interesa todo, menos el cotilleo” es una frase que sale más de una vez en el libro. Supongo que la Antropología cultural que desarrollaba en sus clases sería la consecuencia esperable de esa amplitud de inquietudes. Sus libros cubren temas de historia, arte, sociología, psicología, filosofía y teología. Hasta escribió poemas y cuentos.

A mi juicio, las dos notas que mejor caracterizan el pensamiento de RGP son dos: realismo y moderación.

Por realismo entiendo aceptar la realidad tal cual es. Asumir los cambios en la sociedad y en las costumbres, a pesar de que no coincidan con las propias preferencias. No confundir los deseos con la realidad, como se suele decir. Ser imparciales en la observación del mundo que nos rodea. Adaptar nuestros esquemas mentales a la cambiante realidad cultural y social.

En cuanto a la moderación, se trata del antiguo “in medio virtus”. Huir de los extremismos, las ideologías y los prejuicios. Buscar la verdad objetiva con imparcialidad y sin apasionamiento.

Veamos un par de ejemplos.

Con el título “Revitalizar el iusnaturalismo”, José María Carabante examina las ideas de RGP a propósito de la Filosofía del Derecho. La asignatura de Derecho Natural ha sido eliminada en la mayoría de las Universidades. La filosofía escolástica carece de propuestas alternativas. RGP invita a volver a San Agustín. Si por “natural” entendemos lo humano, es obvio que la temática del Derecho Natural no morirá nunca. Dice Carabante: “Hay algo que late a lo largo de toda la obra de RGP. Ningún fenómeno cultural es ajeno a la problemática del ser humano, y la concepción que se tenga de éste repercute, tanto para bien como para mal, en el resto de las realidades que nos circundan (Pag. 209).

Un segundo tema que RGP ha seguido con asiduidad es la progresiva pérdida de valores en la cultura occidental. José Andrés-Gallego se ocupa de este aspecto en su colaboración “Como entender el fin del siglo XX y el comienzo del XXI”. Empieza recordando los numerosos libros y otras publicaciones de RGP desde el famoso mayo de 1968 en París.

Con gran perspicacia éste enfatizó desde el principio la importancia del componente estético en todo este proceso. En la jerga que uso, diría que la destrucción de la Estética es la consecuencia inevitable de la destrucción previa de la Moral y la Política. Porque los valores estéticos son los más altos y presuponen la vigencia de los valores éticos más bajos.

Con todo, y aunque la regresión del cristianismo en Europa es un hecho innegable, que hasta Benedicto XVI ha admitido, RGP es optimista, como señala

Andrés-Gallego. Recoge esta cita de RGP: “Cuando se advierte la limitación de la ciencia y de la cultura tecnológica que ha engendrado, es posible ya darse cuenta de la pervivencia de una dimensión de lo real que permanece a pesar de las negaciones: la dimensión religiosa” (Pág. 248). En efecto, a pesar de las promesas de tantos neurólogos insensatos, los humanos seguimos muriéndonos sin saber exactamente qué nos espera en el más allá.

No he leído los 140 libros de RGP. Pero me atrevo a hacer una apuesta. No se encontrará en ninguna de sus 35.000 páginas (250 por libro) fórmula lógica alguna. No es una sorpresa. Ocurre lo mismo con la gran mayoría, si no la totalidad, de los escritores que consideramos como “cristianos”. Hay muchos, y tan buenos y competentes como RGP. Pero aún no se han enterado de la formidable revolución intelectual que supone la formalización de la lógica. A pesar de que usan ordenadores, que sólo gracias al cálculo lógico ha sido posible construirlos. Todavía no han caído en la cuenta de que ahí se encuentra la mejor herramienta para defender los ideales que les son más queridos. Y que los furiosos enemigos de esos ideales quedan automáticamente en condiciones de inferioridad.

Mi felicitación a RGP por su monumental y brillante obra… que aún no ha terminado.