Durante el mes de agosto, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas recientes críticas más leídas de libros destacados
Península. Barcelona, 2021. 299 páginas. 18,90 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
En Angela Merkel. Crónica de una era, la periodista Ana Carbajosa nos ofrece un retrato político y personal de la mencionada excanciller alemana, una de las dirigentes de referencia en el siglo XXI. Para tal finalidad, combina un método más periodístico, basado esencialmente en entrevistas a múltiples fuentes, con otro más de corte académico, centrado en la consulta de abundante bibliografía para ubicar correctamente a su objeto de estudio. Todo ello envuelto en su dilatada trayectoria como corresponsal en Alemania.
La autora sumerge al lector en los orígenes familiares y vivenciales de Angela Merkel. En este sentido, pese a haber nacido en la RFA, pronto su familia se trasladó a la RDA, donde la futura líder de la CDU desarrolló sus estudios universitarios y primeras etapas profesionales, bien alejadas estas últimas de la política. En esta parte de la obra, se detecta el ambiente asfixiante que existía al otro lado del telón de acero, en forma de adoctrinamiento y espionaje permanente.
La caída del Muro de Berlín en 1989 motivó el comienzo de una nueva etapa en la vida de Merkel. Su adscripción a la CDU liderada por Helmut Kohl la irá catapultando a distintos puestos de trascendencia en la política alemana, ejercidos siempre desde un perfil tan bajo como metódico y racional: “Era una de las más jóvenes del gabinete de Kohl y dirigía una cartera considerada por algunos como una María […] A la hora de pensar en posibles cancilleres, en el partido se pensaba en Schäuble, el gran intelectual, o incluso en Rühe” (p. 71).
Estos dos rasgos han marcado su ejercicio como canciller, lo que le ha facilitado conducir relaciones complejas con dirigentes de ego mayúsculo (Trump, Putin o Berlusconi). Sin embargo, en muchas ocasiones su exceso de método, muy bien valorado por Mariano Rajoy, también se ha asociado a otra característica no tan positiva: la lentitud a la hora de adoptar decisiones. Este fenómeno se advirtió con motivo de la crisis económica que estalló en 2008, si bien existía una justificación fundamental: “Aseguran que uno de sus grandes mantras es que Alemania no puede ser responsable de nuevo de una catástrofe histórica en Europa. Que por primera vez, un Estado miembro podía escindirse y que Europa podía romperse. El Grexit hubiera supuesto probablemente el mayor pasivo de su legado” (p.207).
Merkel ha presidido su país durante cuatro legislaturas, por tanto, ha sido testigo de acontecimientos, en muchas ocasiones inesperados, a los que ha debido ofrecer respuesta, el último de ellos la pandemia COVID-19. Al respecto, Ana Carbajosa enfatiza su reacción ante la emergencia de la extrema derecha mediante la puesta en funcionamiento de un cordón sanitario contra Alternativa por Alemania, rechazando cualquier pacto con la aludida formación. Asimismo, no menos importante y controvertida fue su reacción ante la crisis de los refugiados sirios de 2015, guiada aquella en todo momento por una defensa a ultranza de los valores sobre los que se ha cimentado el proceso de integración europea. Tal actitud encontró apoyos unánimes (por ejemplo, de Barack Obama) pero también una oposición que aumentó con el paso del tiempo en el interior de su país: “Nadie sabía quiénes ni cuántos habían entrado. Si eran activistas de derechos humanos sirios o torturadores del régimen de Al-Assad (…) Muchos ciudadanos consideraron que la acogida había sido una decisión ejemplar, al margen de lo que pudiera venir después. Pero otros dejaron de ver en Merkel a la mandataria que garantizaba su seguridad y la estabilidad del país” (p. 99).
Finalmente, el libro adquiere un inmenso valor puesto que la autora, a pesar de sintonizar con Merkel y resaltar de forma objetiva su obra política, también advierte al lector de algunos interrogantes que aquella deja como legado. En este sentido, hallamos algunos más particulares (división en la CDU) y otros más generales (obligatoriedad de implementar reformas económicas en el país, necesidad de modernizar las infraestructuras para competir de igual a igual con gigantes como China o Estados Unidos, sin olvidar la influencia cada vez mayor de la extrema derecha tanto en la sociedad civil como en instituciones concretas, como las fuerzas armadas).