Opinión

Pobres megarricos

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Lunes 15 de agosto de 2022

Confieso que, esta vez, me tiro a la piscina sin saber lo que cubre, impulsado, únicamente, por el melifluo afán de ir, contracorriente, a defender al “pobre megarrico”, odiado y vilipendiado por todos.

Y es que no puedo evitar un sentimiento de simpatía y admiración hacia esos tenaces emprendedores que, víctimas, ellos también, de esa fuerza arrolladora y caprichosa que es la vocación, dedican su vida a ofrecernos un nuevo adelanto o servicio o a mejorar el que nos prestan otros,

Lo voy a contar una vez más. Felipe González sentía una gran admiración por el prestigioso socialista, sueco, Olof Palme. En una de sus conversaciones, quizá para congraciarse con el sueco, le avanzó su propósito de acabar, con los ricos, en España. Pero Olof le propuso: “Amigo Felipe, mejor que acabes con los pobres”. Aguda advertencia, que no sirvió de nada, pues, en España, el odio al rico está muy generalizado. Y es que, amigos, todo el mundo desea ser rico, pero odia al que ha llegado a serlo.

¿Y quién es el rico?. Pues rico es el que tiene más que yo, diría cada español. Y no lo relaciona con el emprendedor y creador de riqueza, a la que considera un bien silvestre que no necesita siembra ni cultivo. De ahí que se piense que el rico, es, simplemente, un acaparador, un usurpador de la riqueza común, que tiene que estar ahí para ser repartida justicieramente.

Y no sirve de nada que, a diferencia de otras épocas, en las que la riqueza se heredaba, sin merecerla, abunden, ahora, los ricos que, partiendo de cero, entregan su vida a la puesta en pie de un proyecto, que ellos sueñan. creando, de paso, riqueza y muchos puestos de trabajo. Las izquierdas no hacen distinción entre herederos y emprendedores y consideran, a todos, explotadores.

Tampoco hacen distinción entre lo que son riquezas para consumo y riquezas para inversión. Vemos como, algunos de estos “nuevos ricos”, acumulan grandes capitales a pesar de llevar una vida sencilla, dedicada, obsesivamente, al trabajo, acuciados por la necesidad de culminar su sueño, sin encontrarle final.

Cuando tienen algún litigio con La Justicia, se les considera, sin razón consistente, como evasores de impuestos. No quieren entender que, como los mismos acusadores, pretenden pagar, únicamente, los impuestos a los que están obligados por la Ley, a veces tan discutible que es pertinente defenderse de ella.

Su vida es austera y ejemplar, dedicada, únicamente al trabajo. Muchos de ellos hacen donaciones para beneficiar a grupos desfavorecidos o para estimular avances científicos o embellecer la vida de los demás, sin que se les agradezca ni puedan evitar el filo de la maledicencia, pues se les mancha con la sospecha de que son artimañas para evadir impuestos.

Nosotros tenemos un ejemplo paradigmático, que no puedo eludir, en este comentario. Se trata de nuestro entrañable (para algunos), Amancio Ortega al que, el caprichoso dedo de la vocación, señaló cuando, en una modestísima tienda, se dedicaba, con su mujer, a confeccionar batas de guatiné.

Pues bien, esta imperiosa fuerza le impulsó a innovar y desarrollar un imperio en la más manida de todas las industrias, la confección. Amancio obedeció la llamada con tal entrega y clarividencia que su éxito le ha hecho acreedor a ser el hombre más rico del mundo en varios ejercicios.

Pues bien, amigos españoles. este milagro, comparable al de los panes y los peces, que para sí quisieran todas las naciones de La Tierra, ha sido objeto de

indiferencia, envidia y maledicencia, cuando no de odio por la mayoría de los españoles.

¿Os imagináis que hicieramos lo mismo con Rafa Nadal?. Pues lo de Rafa es importantísimo para que nuestra autoestima engorde, que bien lo necesita; pero lo de Amancio… es para que luzca unos buenos michelines.

Sin embargo lo despreciamos y… nos fumamos un puro. Mardita sea.