Cultura

Tarazona de La Mancha: Esta es la fiesta española, que viene de prole en prole...

(Foto: Antonio Ferrera (@ferrera_torero)).

CRÓNICA TAURINA

Inés Montano | Lunes 22 de agosto de 2022

Esta redondilla de Ricardo Vega que hace tiempo ilustró algunas otras crónicas taurinas, viene de perlas para la corrida de hoy, precedida por el éxito que tuvo entre el público la tarde de toros de Benia de Onís. Además, según los cálculos los festejos de este estío han superado con creces los del 2019. Enhorabuena y no porfiemos aspirando a más. Ya vemos que la feria de Bilbao no acaba de remontar con un cuarto menguante de la entrada. Mantener las plazas conquistadas esta temporada ya será un gran mérito.

Hoy le toca el turno al coso de Tarazona de La Mancha. Una plaza, construida, allá por el siglo XIX, gracias al esfuerzo de los aficionados y una sociedad benéfica La Caridad. Varias han sido las reformas que han mejorado su aspecto para llegar al 21 de agosto de 2022 presumiendo sus 165 años. La corrida de Castillejo de Huebra, del encaste Murube, repite en la plaza después del triunfo del año pasado.

Será por la ayuda de San Bartolomé, el patrón del pueblo, o será porque Antonio Ferrera está paseando su genio por cualquier albero que pise, pero sus faenas dejaron sin palabras a miles de espectadores. Toda una plaza bulliciosa se quedó sin voz por aclamar “torero, torero” y acompañando con los roncos “olés” las faenas de sus dos toros. El primero, Curiosito (1º), recibió los lances limpios y se fue al relance a tomar la vara. El ajuste de distancias es complicado en un ruedo pequeño. El carifosco se ha venido arriba en las banderillas, controla el ruedo, pero sin malicia. El brindis del torero es ovacionado. Ferrera engancha a la res con la franela y la saca a los medios. El astado no es fácil al principio. Suena un pasodoble atronador. El toro va voluntarioso, la segunda tanda es una maravilla de ligazón y fijeza. Llega en cambio de mano y salen los naturales de vuelo desplegado, anchura y redondez, trazados con el gesto de la muñeca. Con un molinete, el maestro sale de un aprieto y liga una tanda de derechazos, aguantando al toro mirón. Remata mirando al tendido que está de pie. Unos pases redondos y ceñidos para acabar una gran faena. La estocada a un tiempo, perfilada a gran distancia, entró hasta las cinchas. Al son de “¡Taparse!” para la cuadrilla Curiosito se dobla. Un verdadero clamor sacude los tendidos. El presidente, más terco que el ganado cunero, no cede. Sigue la petición. Una oreja. Una bronca monumental.

El segundo de Antonio Ferrera, Saltarín (4º), salió más resentido de cuartos traseros que el palco de sentido común. Caía el morlaco y la presidencia de “reunión” o “plática”. El diestro insiste en el cambio, igual que los tendidos. Finalmente, sale el sobrero Pescadilla (4ºbis). El marrajo, que no pensaba actuar esta tarde, andaba con cierta sosería. El diestro le quita la abulia con los pases en el estribo. Se miden uno a otro durante la primera tanda. Al calcular las distancias, el toro cambia, afina la raza y se entrega. Mas no regala nada. Ferrera pide que cese de música, pero al ver los naturales que esbozaba sobre la arena los músicos no pudieron aguantar en silencio. Al torete se le escapó una peligrosa tarascada. No hubo más. La faena se crece al compas del pasodoble, compuesta de pases al natural con ambas manos. La ayuda queda olvidada en el suelo. La muleta al hombro, da tres pases mirando al tendido. El toro parece atado a la tela, no acusa el cansancio. Un aviso. El diestro da señal: “¡Qué siga la banda!”. Y la banda sigue. He aquí un director de lidia cumpliendo con su acometido. La suerte suprema al son de atronador “¡Torero, Ferrera!” La estocada al recibir hace doblar al astado. Todos piden los máximos trofeos. Hasta la banda con las partituras. El palco rechistando concede dos orejas. Sigue el clamor. El del palco sudando a gota gorda, aguanta. Ni las mulillas quedaron impávidas ante tal injusticia y no querían llevar al toro con el rabo a los corrales, tirando al personal que las sujetaba al ruedo.

Cayetano Rivera Ordoñez comenzó con Potrillo (2º), cuya embestida no se ahormaba con los galleos. Una vara fuerte, protestada, seguida por un buen tercio de banderillas. Los estatuarios, esbeltos y seguros, anuncian la faena. El astado va protestando, no permite mucho ajuste, por lo cual las series salen de escaso ligazón. Por el pitón derecho no da más que achuchones, desarma con un derrote. Al natural, el toro da dos pases y se queda mirando a Cayetano. El torero, confiado, manda sobre el mal genio del marrajo. La estocada, tomada a mucha distancia, llega al segundo intento. Entera, algo tendida, pero el bicho rueda sin puntilla. Una oreja. El quinto recibe un puyazo fortísimo, parece acusar el castigo con los cuartos delanteros. Acusa la querencia hacia la puerta de los chiqueros. Cayetano se sobrepone a los cabezazos del toro, y logra unas tandas, fluidas y con ligazón hasta que el marrajo le miró de reojo y se lanzó a por él. El toro da la espalda y se va. Cayetano se impone de nuevo y le recibe de rodillas en los medios. Tarda mucho en cuadrarle, resultó un bajonazo. Un aviso. El torero entra de nuevo para poner el acero entre las paletillas.

Sergio Serrano hace dos faenas meritorias. La primera con el corpulento Duque (3º), galleando por chicuelinas. Un brindis a José Antonio Camacho, el gran deportista de balompié. Empieza de rodillas, unos pases circulares retumbaban en el tendido con los sonoros olés. Ajustándose al toro aquerenciado, firma varias tandas ceñidas, resolviendo con gusto los remates. Cierra con las luquecinas pegados a las tablas. Al recoger los vuelos de la muleta bajo la mano, se prepara para el último tercio. La estocada entera, pero caída, que daña, pero no hiere de muerte. Una oreja. Petición sigue. Se concede la segunda para acallar el clamor. Serrano con el que cerraba la plaza, Zafrero (6º), afinó los trasteos. Las largas cambiadas de rodillas y lances con la mirada fija en los tendidos. Aguanta al morlaco citándolo por la espalda, pero el traidor se arrima demasiado. Los pases de primera serie son silueteados con gusto. El toro se queda parado. Es preciso atinar mucho entre un arranque veloz y un parón del astado, para sacar una faena. Lo logra y la remata con un desplante de rodillas y bernardinas con un susto incluido. Al pinchar, administra la estocada hasta la empuñadura. Se dobla el toro al escuchar el aviso. Una oreja.

Al salir a hombros, se pide que la ganadera acompañe a los diestros por la Puerta Grande, mientras el público no ceja en el empeño y administra una bronca al presidente que sale con el rabo entre piernas por la puerta de arrastre.

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