Cultura

Tomelloso, tierra de toros y artistas: Ferrera y Rafaelillo por la Puerta Grande

TOROS

Inés Montano | Sábado 27 de agosto de 2022

Hay una verdad más grande que un cerro: los cronistas taurinos somos unos seres privilegiados. Podemos irnos de tarde en tarde, de pueblo en pueblo, sin sentir las preocupaciones de los diestros. Hoy toca Tomelloso, la tierra de la luz hiriente y acrisolada, que cae sobre los viñedos y eras sin fin, retratados por el gran pintor Antonio López Torres. La plaza de toros cumplía cincuenta años de su inauguración y no se podía faltar a tal acontecimiento. La plaza torista decidió celebrarlo a lo grande con la corrida de Victorino Martín que resultó seria y encastada.

Rafaelillo se las vio con Mocetón (1º). Lo embarcó con lances limpios y el toro los seguía sin rechistar. El toreo genuflexo de mano baja es preludio de una serie de derechazos ligada. Las siguientes costaron mucho más. Rafael le llevaba muy ceñido, pero al burel se le iba agriando el carácter. Cabeceó y se afanó en buscarle los alamares del torero, por fortuna, Rafaelillo esquivó la cuerna con gallardía. Siguió una serie al natural que emocionó al público. Sin embargo, la suerte suprema dejó la obra sin trofeos: unos pinchazos, la estocada entera y descabellos. Un aviso.

El segundo de la tarde salió para Antonio Ferrera. Nada más pisar el ruedo Pesador (2º) se levantó un gran vendaval. Eolo no cejó en su empeño hasta que el último morlaco no dobló los remos. Pesador andaba encelado con el capote. La puya fuerte y barrenando desagradó al público exigente. La faena resultaba muy complicada, pero Ferrera se sobrepuso a las circunstancias. Le aborda por ambos pitones hasta conseguir una serie impecable, redonda a la manera belmontina. Impensable en parecidas condiciones. El acero cae certero después de varios intentos. Descabello inmediato. El toro aplaudido en el arrastre.

El animoso Excarlato (3º) desmontó el burladero. Curro Díaz, nervioso al principio, basó la faena entera en el toreo al natural. El toro con peligrosos ademanes, desarmó. El torero le robó unos pases inolvidables. La suerte suprema no llegó a la perfección que requería el público. Una media estocada y descabello a la segunda. Petición del público no atendida por la presidencia. Una ovación.

Rafaelillo salió todavía con más ganas de triunfar. Milonglero (4º) salió presumiendo de fina lámina. Rafaelillo, rodilla al albero, gallea vistosamente. La puya enhebrada en la paletilla, hizo resentir al bicho. El diestro lleva al toro ceñido, las embestidas de buen son componen la segunda tanda. La fijeza del astado y el dominio limpio de Rafael son los componentes para forjar una faena rematada. La estocada caída, pero hace rodar al toro sin puntilla. Dos orejas. La vuelta al ruedo para el astado.

Hermetisto (5º), serio toro, cuesta arriba, iba astillando todos los burladeros de la plaza. Antonio Ferrera maneja la seda con maestría. Ni el viento pudo emborronar los lances ni el toro enganchar la capa verde. La tormenta de protestas se levantó por el segundo puyazo. El “victorino” no se resintió después de emplearse en el caballo tampoco abrió la boca a lo largo de la lidia. La cuadrilla pareó con mucho mérito y sin perder un ápice de tiempo. Antonio Ferrera, decidido y acertado con la muleta, aprovechó la acometividad desde primeros pases. Hubo series con la derecha sin enmendarse y otras al natural de pases completos y elásticos, a pesar de que el toro se tendía a quedarse en mitad de la suerte. El diestro tuvo que poner mucho de su parte. Provocó al astado con la espada, se adornó con un molinete de los de su estiloirrepetible. Estocada entera, algo desprendida, hizo doblar al quinto. Un aviso. Dos orejas.

Venabito (6º) llegó algo más apagado. Curro Díaz lo veroniqueó con finura. Con la muleta en la mano cuajó unos naturales de vuelo templado y ancho. El conjunto de la faena resulto movido, el astado tenía brusquedad al embestir, desarmaba. Un pinchazo agarrado y la estocada entera. Una oreja.