Opinión

Progreso y nuevo curso

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Viernes 02 de septiembre de 2022

Entre los festivales de verano, con su manantial de ocurrencias, están los clásicos: la casquivana locuacidad de Revilla o la épica rosa de Jorge Javier, pero este año hay variaciones de interés. Está – por ejemplo – la salida agudísima de los que quieren abrir los colegios en verano, dado el gasto que para las familias supone contratar “profesores privados”. No piensen que deriva de una intensa preocupación por la formación académica de los jóvenes, se trata de algo de mayor importancia. De hecho, en topnanny – una web especializada en la función que se reclama – podrán encontrar un amplio catálogo de esos tan necesarios “profesores privados”. En correspondencia, la escuela durante el resto del año asumirá sus funciones de niñera de una población en el limbo de la historia, sobradamente preparada para el vacío en el que consistirá su vida.

Frente a la escuela el fútbol adquiere seriedad y un entrenador puede afirmar que no dejaría entrar a los padres ni a los entrenamientos. Imagínense que un profesor dijera que los padres no pueden entrar en la escuela, ni en el recreo. Recuerdo los tiempos heroicos en los que se distinguían con precisión relaciones privadas – como las relaciones familiares entre padres e hijos – y las relaciones públicas – como habrían de ser las relaciones entre el profesor y sus alumnos. En el totum revolutum del presente esa diferencia está desaparecida y la escuela es la casa de los nenes y sus nannys.

Por otra parte, entre microlearning gamificado, flipped classroom, design thinking y otros hallazgos del badulaque pedagógico, siempre fascinado por el poder ignoto de las pedagogic words, caen en el olvido los viejos métodos de la lectio, la glosa y la disputatio. En la preferencia por el inglés o por el latín se manifiesta la adhesión a una u otra de dos ideas muy distintas de la condición humana. El viejo imperio romano o el globalismo planetario se fundan en dos ideas de humanidad que se esconden tras dicha preferencia. Está claro que hemos optado por el modelo globalista y estamos perfectamente alineados con los fines universales de la democracia de masas, aunque hablamos una lengua de estirpe latina.

Éramos otra cosa que lo que somos, todo cambia y además progresa, lo que significa – en la metafísica del progresismo – un cambio siempre a mejor y a mejor netamente. Es verdad que nadie ha definido el óptimo, porque el progreso es infinito y no hay una estación de llegada. En consecuencia, se abre ya el mejor curso académico de la historia que será, sin embargo, peor que el siguiente. Lo acogemos con otra ley que avanza hacia el horizonte global y promete culminar el nuevo paso del progreso educativo. Siempre hacia el hombre sintético que anuncian las tecnologías reproductivas; a la espera de ser educado en las nuevas técnicas pedagógicas. Así ese hombre nuevo podrá vivir en nuevo mundo.

¿Y los viejos? La obsolescencia programada se nos aplica con creciente rigor. Las vieja formas irán desapareciendo: libros, papel y, al final, palabras. Se anuncian formas de comunicación silenciosa mediante conexiones neurales. Desaparecerán todos los trastornos psíquicos, tanto los de etiología neurofisiológica, cuanto los de etiología social. Los primeros serán suprimidos por el diseño perfecto del hombre sintético, los segundos por la educación sin mácula de las nuevas pedagogías.

Es asombroso que, lejos de realizarse, ese constante progreso soñado traiga consecuencias adversas. Es, se nos dice, por las fuerzas de la reacción que dificultan el advenimiento casi fulminante del futuro. Entre éstas: los profesores retardatarios que claman contra toda novedad en nombre de dogmas desmentidos por la ciencia. La Ciencia, singular y mayúscula que es el emblema de la Razón triunfante. Demasiada paciencia se tiene hacia ellos: crípticos enemigos de la democracia, reyezuelos sin autoridad, pero autoritarios. Pronto pasarán y los nuevos contingentes de docentes 3.0 ocuparán el terreno: delicados gestores de las emociones, expertos en socialización integradora y felicidad dinámica, educadores para la nueva vida sintética en la que ya no será necesario aplicar perspectiva de género porque el género será un residuo asqueroso del pasado. El sexo, por su parte, se resolverá en una fuente interminable de placer saludable bajo formas que no podemos siquiera imaginar. Un sexo sin estigmas ni palabras que alberguen el sesgo ideológico de una historia cancelada. Un psiquismo abierto de par en par a un presente sin otro contenido que el certificado por el sello de la ciencia. Los jóvenes gozarán entregados al juego interminable de la nueva educación. Es el sino de esta democracia individual, lúdico-libidinal y de masas.

Sólo los viejos saurios de la educación se niegan a contemplar la verdad del mundo, como algunos padres retrógrados. Esos padres superados por el progreso, como esos profesores plantígrados: graves, lentos y pesados han de extinguirse ya. Son ruinas envejecidas, incapaces de comprender el advenimiento del luminoso futuro que empieza hoy. Bienvenidos al nuevo curso.