Opinión

Juan Pablo I, nuevo beato

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 03 de septiembre de 2022

Este domingo Juan Pablo I subirá a los altares. Albino Luciani que fue elegido Papa el 26 de agosto de 1978, será proclamado beato por FRANCISCO en una ceremonia que honrará definitivamente la figura de ese Pontífice, el calificado por los periodistas que asistimos al Cónclave que le eligió, como “el Papa de la sonrisa”, y que murió el 28 de septiembre del mismo año tras 33 días de pontificado y con un milagro reconocido por el actual Papa el pasado 13 de octubre y realizado por intercesión de Juan Pablo I en 1978.

Una muerte, la de Luciani, que levantó una serie interminable de conjeturas, pues según la versión oficial ofrecida por el entonces cardenal secretario de estado, el francés ya fallecido Villot, Juan Pablo I fue encontrado muerto en su cama por la monja Sor Margarita a primeras horas de la mañana con el Kempis entre las manos. Conjeturas que aumentaron cuando se anunció oficialmente que no se practicaría la autopsia al cuerpo de Papa recién fallecido, porque así lo establecían las reglas vaticanas.

Sor Margarita, monja de 81 años pertenece a las Hermanas de María Bambina y es la única superviviente de la comunidad de cuatro religiosas que atendía al Papa y será la encargada de llevar las ofrendas al altar durante la celebración eucarística de la proclamación de un nuevo beato, un Pontífice que, como recuerda, “me marcó profundamente”.

Uno de los presentes en la “ultima” cena del Papa, con tres comensales más, de la misma noche del 28 de septiembre, me contó que Albino Luciani dijo textualmente: “ya me queda poco” y que “el que me sucederá estaba sentado frente a mí en el Cónclave en el que fui elegido”. Y precisamente el que estaba sentado era Karol Wojtyla, que el 16 de octubre de ese mismo año fue elegido como Juan Pablo II. Casualidades o no, comentarios ciertos o invenciones de última hora, lo que parece cierto es que Juan Pablo I tenía una débil salud y que estaba enfermo del corazón. Este hecho me lo hizo notar mi maestro, el periodista y sacerdote, José María Javierre, cuando pocos días después de la elección del Albino Luciani, este nos recibió en audiencia a los periodistas y Javierre me apuntó: “de Papa sonrisa nada. Es una mueca y tiene los tobillos muy hinchados”.

Lo cierto es que Albino Luciani tenía ante sí el difícil papel de renovar a la Curia y de sanear a la Banca Vaticana, tras los escándalos financieros y sus posibles conexiones con la P-2. Unas complicadas papeletas que seguro mermaron aún más su precaria salud del que se definía como “un simple párroco”.

Este domingo, como decíamos, un hombre de breve pero intenso papado subirá a los altares, como esperamos lo haga su solitaria tumba situada ahora en el subsuelo de San Pedro y pase a la planta principal de la Basílica, que acoge los restos, entre otros de San Pío X, San Juan XXIII, San Juan Pablo II y San Pablo VI.