Madrid es un gato que no duerme. Madrid es un gato que vela y no cierra un ojo. Madrid se las sabe todas. El motor económico de España, la ciudad más acogedora del mundo, no deja pasar trenes ni buenas oportunidades. Madrid ofrece al empresario asturmejicano Juan Antonio Pérez Simón (la colección de arte más importante del mundo, cuatro mil quinientas obras) el Centro Cultural Conde Duque, porque una cultura no rentabilizada es un jarrón chino que no sabe dónde ponerse. Lo dijo Felipe González: “Gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones”. Madrid, sin ruido, ya se relame y maúlla.
Hablamos de la colección de arte más relevante de América Latina, cotizada por miles de candidatos internacionales, jeques árabes ofrecieron hasta cheques en blanco por determinadas piezas. Si damos nombres en voz alta igual nos da la tos: Van Gogh, Delacroix, Renoir, Braque, Picasso, Gris, Kandinsky, Miró, Canaletto, Sorolla, etc. Ocho siglos tras ella y, en argot popular, una de las más “prestadas” por museos de todo el mundo, exposiciones foráneas y nativas, el Thyssen como su vigilante cercano. Pérez Simón escapa de la pobreza en una aldea próxima a Niembro, su pueblo asturiano natal, hace las Américas, sobrevive sin conocer el desmayo y pronto se convierte en el socio de Carlos Slim, a quien conoció en la universidad y ambos, igual de despiertos que Madrid, viven para el progreso, forjados en la auténtica lucha por la vida, duchos y pioneros en las telecomunicaciones.
Solo La Caixa, año 2013, auténtico visor cultural, pone el foco en Juan Antonio Pérez Simón otorgándole el Premio de la Fundación Arte y Mecenazgo, por su filantropía y una lección magistral que da entonces el galardonado y recorre el mundo: “Si se comparte lo que a uno le apasiona, el placer es infinitamente mayor”. Subrayaba entonces algo insólito, la responsabilidad social del coleccionista de obras de arte, involucrado en devolver a la sociedad cuanto ésta le estregó, comprometido en una educación cultural de los más desfavorecidos, diciendo de algún modo y en voz baja que lo pagado por uno es de todos. Sus obras, en depósito, recorren los museos de todo el mundo como una culebra de oro y lección vital. La obra de arte debe ser golpe de vida, en primera instancia, y estado de rapto tanto para el creador en su gesta como para el espectador en sus arrobos. Juan Antonio Pérez Simón sabe mejor que nadie cómo Cultura, en mayúsculas, es todo aquello que no se sabe. Así viene, como don Quijote, a hacer el bien a todos y el mal a nadie. Un sabio, inasequible al desaliento.
Cierro los ojos y veo al empresario jovencito, huyendo del perro negro de la pobreza, en Turanzas, su aldea junto a Niembro (Llanes, Asturias). Emigrante a los cinco años a México, donde vende helados con su padre. Estudiante de contador público en la Universidad Nacional, sin horas ni titubeos. Andando el tiempo, la figura más inteligente de la Dirección General de la Casa de la Bolsa. Pronto, sí, un europeísta sin reservas. Revoluciona la renta fija del país y, a partir de 1976, socio con Carlos Slim en Inversora Bursátil. Salva este mismo su Grupo Carso a una imprenta de la ruina (Galas de México) adquiriendo el 60 por ciento de sus acciones. A partir de los 80 el grupo compra todo lo bueno que ve: Reynolds Aluminio, Sanborns, Firestone, General Tire, Bimex, British American Tobaco, Anderson Clayton, Seguros de México, Química Flour, Nacobre, Fianzas la Guardiana, etc. Juan Antonio Pérez Simón dirige Teléfonos de México que, en 1990, compran el Grupo Carso, South Western Bell y France Telecom. Fue él quien sentó la base para el desarrollo de las telecomunicaciones en su país.
El segundo hito de Carso, 1991, es la fundación de América Móvil (Telcel), que pasa de treinta y ocho mil clientes a doscientos millones en la actualidad. El principal operador de telecomunicaciones en América Latina. Aquí es cuando Juan Antonio Pérez Simón se jubila, se separa del negocio y se centra en su labor filantrópica por medio de la Fundación JAPS: Juntos Actuando por la Superación. Ofrece apoyo económico a personas sin recursos y desarrolla proyectos culturales. El aterrizaje madrileño, el desembarco capitalino, será un volcán y abrirá los ojos de fiebre y medio desenterrados por el asombro de medio mundo. Una colección de esta naturaleza es un sueño diurno, el mejor escalofrío, nieve ardiente en la palma de la mano abierta.
Ando en mensajes/whatsapps y señales de humo con la fiel Isis González, asistente personal de Juan Antonio Pérez Simón, para el libro confesional, literario, lírico, único, sí, que el maestro merece. Una vida próspera es un secreto que no puede desaparecer en vano. Madrid, astuto y secreto, no perderá el tren. La colección Pérez Simón será un nuevo estandarte y completo faro para navegantes planetarios. La economía naranja levantó varias veces a América Latina, por seguir con el territorio, de sus repetidas caídas y voluntarios tropezones. El turista cultural gasta, consume y no tiene el perfil ni sesgo de aquel otro foráneo, etílico, que compra paquetes de trescientos euros para beber por todos los agujeros en Magaluf (Mallorca). Paciencia y barajar: Madrid tiene las mejores cartas. La colección Pérez Simón ya brilla y parpadea en las sombras, ajena a los escombros, destrozos y piquetas políticas. Silencio.