Opinión

El notable Boris Johnson

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Sábado 10 de septiembre de 2022

Una de las partes más destacadas del destacable discurso de despedida de Boris Johnson de su cargo de primer ministro fue cuando se refirió al desempleo y dijo que bajo su mandato en el Reino Unido había descendido hasta niveles que no se veían “desde que yo tenía 10 años e iba por ahí dando tumbos montado en un globo saltarín.”

Con respecto a los tumbos con el globo añadió que “yo soy como uno de esos cohetes propulsores que ha cumplido su misión y que ahora reentrará en la atmósfera y caerá invisiblemente en alguna oscura y remota esquina del Pacifico”. Pero más que por su reflejo tecnológico la metáfora de Johnson se entiende mejor por su remisión al cuento de Oscar Wilde “El notable cohete”, cuya historia resumimos a continuación.

El príncipe de un reino singular se iba a casar con una princesa rusa, blanca como una rosa blanca y como era vergonzosa también roja como una rosa roja. “Blanca o roja, su majestad escoja”, dijo el paje y al rey como le gusto el pareado le subió el salario pese a no ser asalariado, quien se conformó con que salió en el Boletín Oficial del Estado.

En la fiesta nupcial iban a tirar fuegos artificiales entre los cuales había uno que era más fatuo que un fuego fatuo y afirmaba que era un experto en “Pilotecnia”. “Será en Pirotecnia, de pirarse” dijo otro de aquellos petardos que estaban allí concentrados a la espera de ser lanzados y que tenía la fea costumbre de responder sin que nadie le hubiera preguntado.

El notable cohete presumía de haber tenido ancestros también memorables; hubo uno, dijo, que dio diecinueve volteretas en el aire antes de caer envuelto en una bola de fuego y otro que subió tan alto que se creyeron que ya no iba a bajar nunca más. Y el notable cohete, sin ser romántico, decía que era muy afectado, a lo que una traca que por allí había comentó que quien con callos anda, en los pies de los demás calza. Mejor no conocer a los amigos, apostilló otro de los explosivos para la exhibición congregados.

El caso es que se puso a llorar solo de pensar en las desgracias que podrían sucederles a los recién casados, tanto que se caló de arriba abajo y a la hora de la verdad como no explotó acabó tirado en una zanja en el barro, donde para calentarse unos malandrines le echaron a la hoguera. Allí explotó, nadie lo vio, encima era de día y con sol y el palo después le cayó en la cabeza a un ganso.

“¡El cielo se está cayendo, llueven palos!”, exclamó Henny Penny corriendo de un lado para otro desesperado y fue y se lo contó a Cocky-Locky y este a Ducky-Daddles y aquel a Goosey-Poosey, y este otro a Turkey-Lurkey y al final se lo dijeron a Foxy-Woxy que cogió a semejante pandilla de capullos, les metió en su guarida y se los zampó sin más cuidado.

Pero como Boris Johnson no quería seguir una farsa literaria sino hacer política de alto rango, citó a Cincinato y dijo que él también volvería a su arado, desde donde apoyaría al nuevo Senado. De ese modo el mensaje que nos ha dejado es que un gobierno ejecutante exige una sociedad vigilante y cómo los tiempos van a seguir siendo malos recomendó a sus colegas conservadores británicos permanecer cerca de la gente.

“Y eso es to-to-to-to-to todo amigos”, porque como en la fábula moderna a la que se refería Boris Johnson al comienzo de su despedida, la formulación del discurso ha de ser dubitativa no parezca que uno va a dictar sus memorias.