Opinión

La Unión Europea y el imperialismo al fresco

Juan Carlos Barros | Domingo 18 de septiembre de 2022

Supongamos que queremos hacer un experimento de organización social de tamaño natural para lo cual adoptamos el procedimiento de la pintura al fresco como ejemplo de algo a la vez clásico y monumental que vaya bien con la Europa Occidental.

Supongamos, también, que escogemos los pigmentos de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda (a cómo está hoy el paradise pink, cuánto se cotiza el petrified oak) y que nos disponemos a pintar, por razón del argumento, sobre el muro simbólico-hipotético que ha quedado de lado a lado por la mitad continental y comenzamos la labor solo por el lado occidental, para lo cual aplicamos los colores cuando la mezcla de cal apagada está todavía mojada.

Supongamos, igualmente, que como nos hemos propuesto varios objetivos organizativos y como todos a la vez no se pueden lograr, los distribuimos por el muro discrecionalmente no como si fuera un mosaico porque eso lleva mucho rato sino que dejamos cada uno a su propio cuidado y ya encajaran ellos por si mismos; lógicamente el resultado general, a nadie le puede extrañar, quedará desacompasado total.

Y supongamos, además, mientras trabajamos, porque el muro es muy largo, que debido a las circunstancias presentes las cosas no ruedan como quisiéramos, pero nosotros por el qué dirá la gente y aunque ya realmente no pintemos nada quisiéramos continuar pintando, de modo que en el progreso del proceso, en estos tiempos tan acelerados como en los que ahora estamos, recurrimos a hacer adiciones intermitentes de colores con densidades diferentes, unos más fluidos otros mas espesos; el resultado lógicamente es que los colores antes enteros y brillantes se descomponen en dos, en tres o en cuatro y en vez de pintado aquello parece estar fregado.

En un reciente artículo de opinión Mateusz Morawiecki, primer ministro de Polonia, ha dicho que él no cree que sea cuestión de velocidad en la ejecución pictórica sino que el fresco de la Unión Europea ya no es lo que era y que adonde nos lleva el actual es al imperialismo de cabeza si no lo combatimos.

De hecho Mateusz Morawiecki ha dicho que el peligro que se cierne sobre Europa no viene solo del imperialismo ruso sino también desde dentro y que necesitamos una reforma profunda que “devuelva el bien común y la igualdad a la cima de los principios de la Unión Europea.”

Para él son los estados miembros, no las instituciones europeas quienes deben decidir sobre las direcciones y las prioridades de la acción común porque “las instituciones se crean para los estados, no los estados para las instituciones. La base de la cooperación debe ser siempre la elaboración de acuerdos y no el dominio de los más grandes sobre los demás.”

Mateusz Morawiecki sostiene que el camino correcto consiste en dar dos pasos adelante y uno atrás para meditar adónde queremos llegar y luego poder avanzar. Su perspectiva es volver a los principios. El objetivo no socavar los cimientos sino fortalecerlos en lugar de construir sobre ellos. No obstante, es lo particular lo que lleva al virtuosismo ya sea pictórico o ya social, no hay que ser parcos con los marcos.

Lo que originalmente era recibido con una exclamación de admiración por lo pintoresco de la nueva situación dicha con dicha aunque sin reflexion, se vuelve con el tiempo un asunto de ciencia ficción. Irónico hasta el final.

Los marcos, sobre todo cuando son nuevos y amplios, hay que detallarlos y si hay algo que admirar lo mejor es mirar un fresco de Andrea del Sarto.