Opinión

Sirenitas negras contra dinosaurios verdes

TRIBUNA

Javier Vayá Albert | Lunes 19 de septiembre de 2022

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”, la archiconocida frase de Antonio Gramsci valdría para explicar el estado de la sociedad enferma en la que vivimos. También muchas de las intencionadas polémicas que se forman. Valdría dicha sentencia de Gramsci de no ser por un matiz: como en el a su vez celebérrimo microcuento de Augusto Monterroso, el dinosaurio seguía aquí. Los monstruos no surgen, siempre están aquí, acechantes, sedientos, vigilantes de sus sucios privilegios. Están tan enfermos de codicia que se consideran legítimos centinelas hasta de la moral de los cuentos infantiles. Son dinosaurios sí, pero su color es verde envidia, que es una manera muy fea de ser verde. Su color es amarillo como el orín, ario como la caspa.

Son los mismos monstruos que querían introducir de nuevo el fascismo en la universidad y se encontraron con el rechazo de cientos de Unamunos y sirenitas negras. Son los mismos dinosaurios que llenan sus fauces con la palabra tradición para justificar el salvaje y descerebrado maltrato animal. Son los mismos que tildan de mono al jugador rival. Son quienes llaman sudaca a una niña hasta inducirla a saltar por el balcón. Son los repugnantes monstruos responsables de los doscientos casos en dos meses de abusos sexuales a menores por parte de la iglesia católica. Son los monstruitos, cachorros de dinosaurio, que asesinan cruelmente la ilusión de un niño el día de su cumpleaños cantándole gordo de mierda frente a la tarta. Son todos esos que solo se acuerdan de la libertad de expresión cuando la necesitan para hacer daño y alardear de su ponzoña mental. Son Adolf Hitler, Pinochet, Charles Manson y Jack el destripador pidiendo respeto y comprensión tras décadas de impunidad. Llorando como Santiago Abascal o Jair Bolsonaro frente al espejo. Son Toni Cantó ante la palabra honestidad.

Ojalá dentro de nada veamos a un Pinocho árabe. A una Alicia en el país de las maravillas transexual envenenando a su abusador. Ojalá un Peter Pan en silla de ruedas y gay. Ojalá no tardemos en presenciar en una pantalla a una Blancanieves gitana y lesbiana y a una Cenicienta venezolana de talla cuarenta y ocho luchando por los derechos de las empleadAs y limpiadorAs del hogar. Ojalá miles, millones de Sirenitas negras como una plaga limpiando el mundo. Ojalá todo esto y mucho más y ni aun así existiría resarcimiento posible tras tanto siglo de infame omnipresencia y exclusión obligada. Ojalá todos esos monstruos asistan lo antes posible a esta magia y lo contemplen con el terrorífico estupor del dinosaurio viendo llegar el meteorito.