Opinión

Vendavales, tolvaneras, torbellinos y ciclones…

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 06 de octubre de 2022

Las recientes semanas nos dejan una tórrida cauda informativa de verdadero miedo. Ameritando referirnos a cada nota, la premura apremia ello.

La beatificación de Juan Pablo I acaso sea un acto de justicia o, quizá, sea lo contrario tratándose del exiguo afamado pontífice, reacio a ser exaltado; él, referido como sumamente humilde en sus actos. Su brevísimo pontificado, aquel en el año de los 3 papas, apenas banturró lo que sería, desconociendo si sería opimo, no obstante que su nombre compuesto –sin precedentes– anticipaba algo: homenajeaba a sus dos predecesores inmediatos, abrazando ferozmente el edificante espíritu del Concilio Vaticano II, relevado y combatido por el conservador polaco. Cuando mi madre oyó de su fallecimiento por la radio, exclamó a mi padre, con sorpresa: ¡se volvió a morir el Papa! Dispense usted la licencia porque, claro, no es frecuente que suceda eso 33 días después de entronizado un suscinto Vicario de Cristo, por muy romano pontífice que fuera.

Mientras nos enteramos de que el Planeta está a salvo de asteroides destructivos que nos acechan y son desviados por enésima vez, o que la reina Camilla prescindirá de damas de compañía en plan recorte y que Isabel II sí falleció de mal de arrugas, tal y como lo adelanté semanas atrás en esta hebdomadaria columna; y que colocaron su lápida renovada, inscritos en ella su nombre bajo los de sus augustos padres y su amado esposo, el cuasi centenario Felipe, la crisis ucraniana orilla a interrogarnos, a inquirir ¿qué hará el nuevo rey de la Gran Bretaña de escalar una crisis mayor a la que ya transcurre? Apenas se está poniendo las botas y ya estaría en la indeseable tesitura de verse expuesto a semejante lid.

Putin se ha agandallado 4 provincias ucranianas, exactamente como lo hizo con Crimea, permitiendo tal corredor alcanzarla por tierra y como si Rusia no poseyera tanto territorio. Es una pretensión lejana a las motivaciones expuestas por Rusia al perpetrar la invasión a Ucrania. Crimea sigue siendo casus belli. Su “guerra de liberación” no anticipaba semejante dentellada, más explicaba por qué no se avanzó sobre Kiev, por ejemplo. Ese grosero y prepotente arrebato en medio de datos confrontados sobre victorias y derrotas de ambos bandos in situ, en medio de una guerra no declarada y, mucho menos, fijando los términos de la impensable paz, ocurre en el marco del amago de Putin con usar armas nucleares, evidenciando la inoperatividad de la OTAN y el tortuguismo de admitir a Ucrania en todo cuánto requiera o la ineficacia de la sanciones disuasorias de Occidente, que conducen a preguntarnos para qué fue esa lacerante temeridad que normó a la anterior Guerra Fría y de qué sirvió producir tanta arma nuclear, sino para tenerla embodegada. ¿Para una política de distensión? Tal vez. Menudo despilfarro de recursos en el nombre de una idea perversa del poder. ¿Qué sentido tiene entonces haberlas siquiera, fabricado? las anexiones recientes solo empeoran la realidad, son condenables y obturan el camino a pretender una oportunidad para la paz que deje conformes a todos, por muy precaria que sea.

No podemos negar la irresponsabilidad de Putin hacia la planta nuclear de Zaporiyia. Exponerla en medio de enfrentamientos favoreciendo el entorpecimiento de su inestable operatividad más los estropicios –todo para presionar una victoria– es descerebrado y podría ser de graves consecuencias arriesgando la seguridad mundial, colocando a Putin como un criminal de guerra. No es cosa de si afirmarlo se hace por ser antirrusos o si para exculparlo se vocifera que hay rusofobia. Hay que ser menos cínicos y menos ciegos para admitir que no ha limitado los ataques a ese complejo, poniendo al mundo en un riesgo. Y en efecto, sobra candidatear a Zelenski al Nobel de la Paz. No era un santo antes de la guerra, colocó a su país en dirección a ella y, sí, pasará a la Historia como el invadido, pero nuestra desmemoria no debe de ser tanta. Darle el Nobel es como invitar a Ucrania a que coorganice el Mundial de 2030: ni al caso. Lo de Ucrania no da para tanto mostrando esa clase de “solidaridades” o empatías mal entendidas. Yo preferiría que aguardáramos a ver cómo termina esto.

Mas preguntémonos sobre esta guerra ¿por qué ha actuado Putin? ¿qué leyó calculándolo, que los demás, no? ¿vio un Biden débil que masculla ininteligibles palabras? ¿el relevo británico? ¿a un Macron más perdido que Colón? ¿un Occidente esclerotizado y la ONU más que nunca, inútil? ¿de qué sirvió o qué méritos le vieron al quejicas y taciturno António Guterres para reelegirlo? Ha sido tan inoperante como Kofi Annan. Acaso por eso sigue en el puesto. Trágico.

No sin sorpresa, reconozcamos que la muerte de Jesús Quintero es lamentable. Su carisma, su inteligencia, su sagacidad las extrañaremos. Sus filias y sus fobias nos dejan una trayectoria encomiable. Echaremos de menos al onubense. Se va lo valioso y se nos quedan la viruela símica y el COVID-19. Qué injusta es la vida. No importa si EE.UU, ha decretado el fin de la pandemia, pues el mundo no lo tiene tan claro, pese a que en México por 3 meses vaya a la baja. Sigamos alerta.

Brasil se va a la segunda vuelta electoral. Inusualmente, TVE dedicó un amplio espacio de cobertura el domingo 2 de octubre, con un abundante despliegue de corresponsales y con analistas que desesperaban con el conteo lento de votos. Solo responderé una pregunta que se formuló: en efecto, ambos contendientes principales representan dos modelos distintos y la polarización se explica, pues sí, partiendo de Brasil como un ring del modelo neoliberal que boquea porque sus medidas empobrecieron al país y a la región, profundizando una confrontación que parte en la disputa por el país y el futuro, llevada a todos los niveles. Así de grave. Sociedades latinoamericanas a las que la promesa del reparto de la riqueza por obra de las cascadas neoliberales, nunca llegó para todos. Los desposeídos se incrementaron con recortes sociales y privatizaciones más el colapso del Estado asistencial encumbrando un individualismo atroz; y reclamar la justicia de enmendar ni es populismo ni comunismo indigenista. Ambas catalogaciones son burdas, propias de desconocedores de la región o de beneficiarios del modelito de marras. Ante profundas desigualdades históricas, sociedades inmersas en miseria ante la esperanza de un voto cambiante de su cruda realidad, Lula y Bolsonaro representan atenderlas o acrecentarlas, respectivamente. No hay que pensarle tanto ante empresarios voraces que se han valido de leyes a modo para eternizar esas desigualdades y no se hartan. Antes bien, se llaman ofendidos. Tienen cara.

Ahora que…si ganara Lula, no pasa nada. Ya antes hubo una ola de izquierda y la región no fue necesariamente, mejor o se integró más –imposible con el gorila de Chávez metomentodo regalando petróleo para el aplauso– y tampoco creóse un bloque anti-Estados Unidos y no lo habrá, pues no se trata de desquiciarse.

Otrosí, en tanto los humanos nos degollamos, el clima es una asignatura pendiente, advirtiéndonos que arreciarán los huracanes. Están siendo especialmente destructores y siguiendo unos derroteros inusitados. Hacia Canadá o Canarias con España de fondo, la fiereza mostrada en el Caribe o golpeando como bumerán a los Estados Unidos, tan reacios y egoístas en no ceder un ápice de su regalona civilización consumista contaminante, son advertencias más que claras, de que peligramos como especie. Mientras, clausuró el MONDIACULT de la Unesco en Ciudad de México. Dos conclusiones: la cultura debe ser un bien público mundial al que todos accedan y puso el acento en el resguardo del patrimonio cultural de la Humanidad al completo. Más complejo es poner la Guardia Nacional en manos de la Defensa, no siendo una solución frente al crimen organizado si no se dignifican las policías municipales y estatales que los opositores no refuerzan ni ofrecen medidas alternativas sensatas, dejando crecer el problema de seguridad. Esto ya es un sinvivir o el cuento de nunca acabar en México. La oposición a Morena vocifera mucho, pero aporta anda. Así les va.