Y nunca existió. Fue una bella idea en la mente de alguien, como aquellas del Sermón de la montaña; pero, a todas, se las llevó el viento. Los que las utilizan, para pastorearnos, las corrompen y el que se propone mantener su pureza, es aniquilado.
Pero como todavía no se ha inventado un “pastor eléctrico” más eficaz para conducir el rebaño, nos arrullan, constantemente, con el señuelo de nuestra felicidad por vivir en países regidos por regímenes democráticos. Pero somos muchos los que creemos vivir un continuo fraude.
No tenemos democracia, “gobierno del pueblo para el pueblo”, ni siquiera despotismo ilustrado “gobierno para el pueblo pero sin el pueblo”. Símplemente, los partidos políticos han usurpado el poder al pueblo, al que solo le queda “el recurso del pataleo”, del día de las elecciones cuando, aunque, sabe que no puede cambiar nada, se permite castigar a algunos truncando su placentero disfrute del poder. Recurso cada vez menos compensador, para el votante, pues aunque quite privilegios a algunos, sus Partidos le aliviarán la caída.
Y se nos repite, “por si las moscas”, que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno, poniendo la “venda antes de la herida” para resignarnos ante los desaguisados que los políticos nos regalan continuamente; pero somos muchos los que pensamos que las cosas irían mucho mejor sin ellos.
En el Poder Ejecutivo, lo primero que asombra y escandaliza, a este paciente pueblo, es el escaso valor de la formación profesional, a veces risible, de los que acaban llegando a los puestos más altos. No se buscan buenos gestores sino personas manejables, intercambiables y dispuestas a todo.
El Poder Legislativo perdió su independencia antes de nacer y se ha convertido en una pantomima, en un tablao donde los palmeros jalean a sus “señoritos”, en una representación vergonzosa, sin un átomo de espontaneidad. ¿ A cuantos elegiríais para presidir la Junta de vuestra escalera?
El solemne equilibrio de poderes es triturado, todos los días, ante nuestros ojos, sin ningún pudor. Ahora mismo estamos asistiendo a un vergonzoso pulso, entre los dos partidos dominantes, por el manejo del tercer poder equilibrador del Estado, La Justicia. Lo encarnizado de la lucha indica la importancia que dan a su manejo. Ya sabemos que batallas se pueden ganar o perder a la vista de los desmanes que cometen.
Y engolfados, como única dedicación, en la lucha por el poder, los Partidos Políticos nos hacen participar, lo queramos o no, de este aquelarre en que han convertido la vida pública, en esta campaña electoral permanente, acosándonos, desde todos los medios, públicos y privados para ir condicionando nuestro voto a su favor.
Los medios públicos, por voluntario alistamiento, por seducción, o coacción participan en esta actividad frenética de captación y sectarización que se extiende, ya, a todas las actividades ciudadanas.
Por si esto fuera poco, que no lo es, la aparición y auge inusitado de lo digital, hace que el político pueda dedicar las veinticuatro horas del día a esa labor de captación personal y partidista. Y lo hace. Y pretende que mucha gente, demasiada, se convierta en receptora y transmisora permanente. Y lo consigue.
Es una locura, pero con la aparición de lo digital corremos el riesgo de sustituir nuestra vida por la permanente recepción, asimilación y respuesta a los eslóganes y consignas que nos envían en su permanente emisión.
Recordad aquellos libros y películas premonitorias en que vemos a la sometida sociedad, receptora constante de propaganda, mensajes y consignas. Somos muchos los que pensamos que estamos, ya, en ello.
Amigos. Siempre que escribo sobre estos temas termino igual, pues ya me molesta un poco, ver a los amigo suizos, desde lo alto de sus riscos y montañas, descojonándose de los demás europeos.