Putin aprovecha su amenaza de desatar un conflicto nuclear para cometer crímenes de guerra y destrozar la vida de los ucranianos. Porque nadie, ni la OTAN, ni la UE y, menos aún la ONU, son capaces de impedir que Rusia esté masacrando a los ciudadanos y, ahora, atacando las instalaciones eléctricas y los suministros de agua. El Kremlin, frustrado por su fracaso militar, busca que los ucranianos se rindan ante el gélido y trágico invierno que se avecina.
La OTAN y la UE se esfuerzan en ayudar económica y militarmente a Ucrania. El suministro de armas de los países occidentales y el valor de los soldados está logrando que el Ejército de Putin retroceda, pierda posiciones estratégicas y se vea obligado a retirarse. El Kremlin, de momento, está perdiendo la guerra. Pretendía controlar el país en una semana y lleva 7 meses de sangrienta batalla con miles de soldados muertos. Y, ahora, solo quiere vengarse, hacer daño a la población, destruir las infraestructuras. Arrasar el país.
La guerra, la tragedia prosigue, sin que nadie sepa cuánto durará y, menos aún, cómo puede pararse. Mientras tanto, Putin actúa como un psicópata que solo busca causar el mayor daño posible a hombres, mujeres y niños. Después de su ilegal anexión de los territorios, y después de perder militarmente una buena parte de ellos, acaba de imponer la ley marcial para controlar a la población. Y, en el resto del país, redobla sus ataques a edificios de viviendas y las infraestructuras para matar, congelar y dejar sin casa a los ucranianos.
Y la ONU se limita a emitir tibios comunicados de condena, cuando debería ser la Institución capaz de promover un encuentro entre líderes internacionales para buscar la paz. Pero no es más que un mastodonte burocrático y, además, el veto de Rusia, en este caso, impide que se tome una decisión que obligue a Putin a claudicar. Y, así, los ucranianos se enfrentan a un invierno sin agua ni calefacción y sufriendo los incesantes bombardeos. Pero el sátrapa ruso también fracasará. Porque ni ellos ni Zelenski se rendirán.