Opinión

Crisis de declaraciones

Lunes 06 de octubre de 2008
Desde que al Presidente del Gobierno se le escapase en una entrevista que, efectivamente, estábamos en crisis, a las fuerzas vivas de la izquierda se les ha caído la venda de los ojos. Más aún, resulta que ahora su visión es en transversal, pues atisban incluso el origen de dicha crisis allende los mares -más concretamente, en Estados Unidos-. Por si esto fuera poco, tachan al PP de ser el culpable de que inversores extranjeros se muestren reticentes a invertir en España, por causa de sus reiteradas críticas a la economía nacional. Sirvan como muestra las últimas declaraciones de María Teresa Fernández de la Vega, por un lado, y de José Blanco, por otro.

La señora Vicepresidenta no se cansa de repetir que la actitud del PP es sumamente irresponsable, toda vez que asusta a posibles inversores con sus críticas y su actitud es negativa, en lugar de “arrimar el hombro”. Esta última expresión –cuyo contenido real pertenece al misterio- se ha convertido en el caballo de batalla dialéctico de De la Vega contra los populares, en un claro intento de hacer ver que el único que lleva a cabo iniciativas –aunque no se sepan muy bien cuáles- es el PSOE. José Blanco, por su parte, ha recuperado la estrategia de “martillo pilón de la derecha”, que tan buen resultado diera en la anterior legislatura. Hay que reconocer como un mérito de Ferraz el haber creado un cargo –magníficamente desempeñado por Blanco, por otra parte- cuyo principal cometido es el de demonizar sin tregua al principal partido de la oposición. A ello se ha afanado José Blanco en estos últimos años, y si hace no mucho acusaba al PP de “alarmista” por exagerar sobre la inminencia de una presunta crisis, ahora se descuelga con que “al PP le interesa que se derrumbe el edificio de la economía española, para quedarse luego con el solar”.

Son sólo dos ejemplos significativos de lo que entiende el Gobierno por tender puentes al PP, en aras a una política de Estado en un tema tan crucial como es el de la situación económica actual. Nadie mínimamente avezado duda de que la situación que vive España no es sólo autóctona, sino que en ella confluyen una suerte de factores exógenos, llámense Wall Street, alza del petróleo o lo que se quiera. Pero es una realidad que aquí no todo se ha hecho bien y la labor de un partido que esté en la oposición consiste en hacer crítica y denunciar errores. De igual modo, quien quiera invertir en un país determinado se asegurará muy mucho de que su inversión sea viable. Y seguro que lo hace por otros medios que no sean los de solicitar informes exclusivos al PP. No obstante, resulta evidente que la nueva estrategia del PSOE pasa por criminalizar las críticas del PP, cuando a lo que debería dedicarse es a trabajar por aliviar esta crisis. Sin cortinas de humo.

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