Josep Borrell, actual titular de ese cargo de nombre tan largo de Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad ha dicho, en la recién creada Academia Diplomática Europea, que la Unión Europea es un jardín, pero no un jardín cualquiera sino el Jardín del Edén donde todo funciona bien. “La mejor combinación de libertad política, prosperidad económica, y cohesión social que la humanidad ha sido capaz de construir”, tal es su perfección según él.
Semejante distinción europea se aprecia mejor por contraposición, pues de acuerdo con Josep Borrell, “el resto del mundo - dijo en su discurso dirigiéndose en ese momento a Federica Mogherini, que estaba allí a su lado precisamente y que le precedió en ese cargo de nombre tan largo - “ y tú lo sabes bien, Federica, no es exactamente un jardín.”
De modo y manera que esas tres cuartas partes, excluyéndose océanos y mares, del globo que es La Tierra y que no son la bendición que es la Unión ¿qué son? nos preguntamos a continuación intrigados por la magnitud de la dicción del alto representante exterior.
Todo lo que queda en el planeta es para Josep Borrell justo lo opuesto al primor interior de la Unión Europea, y ¿qué hay mas contrario a lo ordenado que lo selvático? porque “la mayor parte del resto del mundo es una jungla” y advirtió que habrá que andarse con cuidado porque “la jungla puede invadir el jardín.”
Sin embargo, no malinterpretemos la anterior afirmación, porque no pretendía Borrell hacer la descripción del proceso por el cual la selva se traga sin masticar, como si de una boa a su presa se tratara, a una ciudad perdida con sus edificios semiderruidos y en decadencia.
Y si no es ese el caso ¿por qué nos va a invadir la selva? Pues muy sencillo, por la gran diferencia que hay entre ellos y nosotros, la cual reside, según Borrell, en que nosotros tenemos instituciones y ellos no las tienen. Tendrán las suyas, se supone, pero no las nuestras, que son las fetén. Y las instituciones son lo mas importante para la calidad de la vida de la gente, dijo él, pese a que con ellas hemos llegado en este continente, como ejemplo destacado, a la situación energética presente tan deficiente.
La jungla a la que se refiere concretamente Borrell es la que está formada por los países no desarrollados, que no están así por culpa de la economía como uno podría pensar inocentemente a primera vista, sino por carecer de instituciones. Ahora bien, añadió él, tampoco puede ir él a los países emergentes y ponerse a plantar allí instituciones vicariamente, como quien planta árboles en un lugar donde es lo que más tienen; eso para Borrell no es lo mismo sino que seria “una especie de neocolonialismo”.
De acuerdo a su experiencia, continuó diciendo el alto representante, a lo largo y ancho de esa tierra que es una selva, nos miran como el que mira a un faro. Y se preguntó después porqué hay tanta gente que quiere venir a Europa ¿es qué, acaso, hay oleadas de migrantes ilegales o irregulares a Rusia? No muchos, se respondió él mismo. Será por algo.
El cuidado apropiado del propio jardín no consiste, dijo Borrell, en construir muros para protegerse, aunque ahora en Finlandia ya han decidido, por su parte, que ellos van a levantar uno en la frontera con Rusia.
En el mejor de los mundos los acontecimientos se encadenan, los gobernantes van y vienen, pero el viejo consejo ilustrado de cuidado del jardín “ut operaretur eum” en la Unión Europea se comprende justamente a la inversa.