Opinión

Nuestros muertos

TRIBUNA

Javier Vayá Albert | Domingo 30 de octubre de 2022

Junto estas líneas en vísperas del Día de Todos los Santos, a pocas horas para la noche de Halloween. Días de inusitada concurrencia en cementerios donde, como en la escena de inicio de la magnífica Volver de Pedro Almodóvar, una gran mayoría de mujeres se afanan en limpiar lápidas y colocar floridos recuerdos. Mientras casi todos los hombres prefieren esperar en el bar leyendo el Marca frente a una caña. Alguna excepción en forma de viudo solo y enamorado todavía que no falta jamás a su cita. Días en que los más jóvenes, sobre todo, disfrazan a la muerte de juego con el hermoso truco de su edad temprana y el trato incierto de la vida. Días en que nos permitimos estar un poco más cerca de nuestros muertos, asomarnos a ellos como dicen que, en días y noches como estas, ellos se asoman a nosotros, creando una especie de reflejo negro. Días en que hablamos un poco más de ello, de ella, salvo que su visita de gelidez marmórea nos asalte trágicamente durante el resto del año y en mitad del día a día.

“...me pregunto si pese a lo mucho que nos duelen los muertos/no les doleremos a ellos mucho más los vivos.”

Escribí estos versos como final de un poema dedicado a un amigo que se fue malditamente pronto. Existe cierto desconcierto ante el hecho de continuar viviendo cuando nuestros muertos se han marchado. Una especie de síndrome de impostura, de culpa, de fallar a nuestros seres queridos no estando a la altura. Además del dolor y la pena evidentes, pareciera que desaprovechamos el regalo de la vida ante ellos. Cuando era niño escuchaba a mi madre y mi abuela diciendo “hay que pagar los muertos” e inmediatamente mi mente de poeta precoz volaba. Imaginaba a un embozado de tez pálida extendiendo una mano huesuda y alargada por la puerta entreabierta y recogiendo un saco de monedas. Me figuraba que debíamos pagar una suerte de tenebroso diezmo a los muertos como descargo por seguir con vida. Por entonces no sabía que la realidad se antojaba mucho más tétrica y que los pobres teníamos que pagar un impuesto revolucionario por la manía de morirnos en algún momento.

Dicen que la muerte no es más que parte de la vida, que no tendríamos que temerla ni llorarla sino aceptarla con naturalidad. Claro que eso lo dicen los vivos, ningún difunto se ha pronunciado aún aportando su perspectiva. Supongo que lo único claro que tenemos es que nuestros muertos viven con nosotros de alguna forma. Que de alguna manera construyen nuestra vida. Que debemos celebrarlos o llorarlos según sintamos, pagana o religiosamente o como sea. Que no dejemos a quienes quieren mandar en nuestra vida hacerlo también en nuestros muertos, en nuestra muerte.