Tusquets. Barcelona, 2022. 512 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.
Por Luisa Martínez
En la primavera del 2020, Almudena Grandes (Madrid, 1960-2221) estaba escribiendo una nueva entrega de su monumental serie Episodios de una guerra interminable, proyecto así llamado como homenaje, según explicó la propia autora, a Benito Pérez Galdós, a quien consideraba el otro gran novelista, después de Cervantes, de la literatura española de todos los tiempos. Pero necesitaba ocuparse de la situación que se estaba viviendo en ese momento, a raíz de la pandemia. Hizo algo similar cuando en 2015 publicó Los besos en el pan, espoleada por la crisis económica que se desató.
Almudena Grandes se puso manos a la obra con Todo va a mejorar, pero paralelamente le diagnosticaron un cáncer de colon que, por desgracia, tuvo un fatal desenlace el 27 de noviembre de 2021. En los últimos momentos, le dijo a su marido, el poeta y director del Instituto Cervantes Luis García Montero -quien acaba de dar a la imprenta Un año y tres meses (Tusquets), emotivo poemario de despedida a su esposa-, que le dejaría instrucciones para que terminara la novela. García Montero así lo hizo y es el autor de un último y breve capítulo y de unas notas que se incluyen al final del volumen.
Todo va a mejorar podría encuadrarse en el fértil subgénero de las distopías por el que han transitado no pocos escritores, siendo algunas de sus muestras justamente célebres. Así, recordemos, 1984, de George Orwell; Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.
Una realidad distópica -con elementos que ya conocimos en la pandemia-, es la que Grandes nos presenta en su propuesta, una España en la que una formación política denominada Movimiento Ciudadano ¡Soluciones ya! se ha hecho con el poder y su programa, en realidad, pretende establecer una sociedad muy contraria al lema, “Todo va a mejorar”, con el que engatusó a los ciudadanos.
Bien está la denuncia y, sin duda, bueno es que se ponga sobre la mesa el auge del populismo que tanto promete, aprovechando sobre todo momentos complicados. El problema es el radical escoramiento hacia un lado, al que, por supuesto, Almudena Grandes, basándose en su ideología de izquierda radical, que impregna prácticamente toda su producción, tenía derecho, pero que de manera inevitable lleva a caer en una visión maniquea y sectaria, con personajes de una pieza, buenos y malos. Joaquín Leguina apuntó que Grandes escribía novelas maniqueas de la Guerra Civil. A lo que la escritora lamentablemente desaparecida respondió que si bien no quería entrar en polémicas pensaba que la Guerra Civil debía contarse de forma maniquea porque sí creía que “había unos buenos y unos malos”.
En Todo va a mejorar, quien maneja ese Movimiento Ciudadano es un empresario, Juan Francisco Martínez Sarmiento, apodado El Gran Capitán –repárese en el nombre-, que quiere que el país se gobierne como si fuera una empresa y donde se impone un ultracapitalismo. Desdeña las ideologías y aboga por gobernar “España con los criterios de eficacia, creatividad y rentabilidad que definen la gestión de las empresas excelentes”. Prácticamente los dueños del país son las grandes fortunas en manos de gente sin escrúpulos. Se restringen, casi se anulan las libertades, menos la de un desaforado consumismo, amparándose sobre todo en la defensa de la seguridad para lo que se crea un cuerpo de Vigilantes y se limita el acceso a Internet. Naturalmente, frente a esto, se alzará una resistencia de hombres y sobre todo mujeres -ahí están Camila Alcocer Hernández, Elisa Llorente Frías y Yénifer Mejía Flores-, dispuestos a mantener sus ideales.
Notable novela de tesis, pero quizá habría sido recomendable que Almudena Grandes, hábil narradora, hubiera tenido más en cuenta que su admirado Pérez Galdós, tras escribir algunas así calificadas, no se detuvo en ese modelo.