Opinión

El pitido

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 02 de noviembre de 2022

Hay personas que a nada que le piten los oídos elucubran sobre esto o aquello. Algunos dicen que son mensajes del más allá. Otros juegan a la lotería porque creen haber detectado en el pitido el número del gordo en el próximo sorteo de la lotería de Navidad. De ahí las largas colas que a diario se forman en Doña Manolita.

La realidad es que lo del nuevo pitido en ciernes no guarda relación con lo esotérico ni siquiera con acudir al otorrino. Una vez más la cosa viene de nalgas porque este gobierno de nuestros desvelos nos quiere preparar para no sé qué cosa de avisar a la población mediante un pitido a través de nuestros móviles. Mala cosa cuando los monclovitas destapan el tarro de las esencias. Mala cosa, digo, porque una vez más el secreto está en la masa, es decir, que la población esté bajo los efectos adversos de la preocupación constante.

El Ministerio del Interior ha comenzado a ensayar un sistema de envío de alertas a la población que se encuentre en zonas afectadas por emergencias o catástrofes inminentes, y para ello hace sonar un pitido en los móviles de la afortunada o afortunado, siempre que éstos sean poseedores de uno de estos dispositivos, porque esa es otra ¿todo el mundo tiene móvil y por lo tanto derecho a pitido? Mucho me temo que este simulacro sea una de esas chapuzas marca Moncloa.

Según este formato cabe suponer que aquellas personas que carezcan de móvil tienen cero probabilidades de sobrevivir. No digamos de cuantos teniéndolo no lo llevan consigo en el preciso instante del pitido de marras. Aquí puede pasar de todo. Habrá quienes posean móvil pero lo llevan en silencio por circunstancias o persona que teniendo móvil pero es de los antiguos, es decir, de los que no tienen pito (con perdón). Agricultor que con el ruido del tractor no oye el pitido o bien, los percebeiros y percebeiras tratando de coger percebes en la Costa da Morte sobre unos acantilados batidos por un oleaje inclemente, (comprenderá el gobierno que no se está para pitidos); por no hablar de personas creyendo estar en Kenia y resulta que están en Senegal al decir de Pedro Sánchez. Se antoja feo el porvenir para todos ellos.

Llegados a este punto paso a la parte positiva del asunto. Personas que estando operativas o enganchadas al móvil las 24 horas del día, ya sea por oficio, vicio, dependencia u otros hábitos que no vienen al caso, pues tienen posibilidades de sobrevivir como máximo en un 1 por ciento. ¿Qué por qué soy tan poco generoso? –se preguntarán. Muy sencillo. ¿En dónde están los refugios o lugares seguros? Imaginen la secuencia del pitido en su móvil. Usted se encuentra en su casa viendo en la televisión la película “La muerte tenía un precio”, suena la alarma de parte del gobierno y usted tiene dos opciones: A) Que alguna bala de las muchas que dispara Clint Eastwood le pille desprevenido por mirar al móvil. B) Salir corriendo a buscar el referido refugio. Ambos casos precisan de una reflexión. La primera es que el bueno de Clint donde pone el ojo pone la bala a menos que usted renuncie a pestañear y sea más rápido que él. La segunda es una incógnita. Entonces, ¿Qué hago? ¿A dónde voy?

Como hoy estoy de buenas les daré una solución para sobrevivir ante el pitido del gobierno. Si usted es el afortunado y su móvil recibe la señal de alerta máxima, huya lo antes posible a Waterloo, eso sí, haciéndolo bajo la condición de sedicioso. Allí estará seguro y a buen recaudo, además con todos los gastos pagados y a la espera de que Pedro Sánchez le traiga de vuelta a España e incluso será recibido con honores por ser uno de los pocos sobrevivientes al pitido. Puigdemont, por ejemplo, lo hizo cuando por razones de fuerza mayor resultó que le pitaron los oídos y huyó a Bélgica escondido en el maletero de un coche. Ahora volverá a España tan libre y como si tal cosa.

Por supuesto que la alarma puede obedecer a otros motivos menos frugales, por ejemplo, que Putin tenga uno de esos días de romanticismo comunistoide, y pulse la tecla F5. A partir de ahí tendremos una experiencia nada sexy y mucho de nuclear. Entonces una vez más el gobierno monclovita nos habrá ocultado la verdad y toda esta milonga del pitido en el móvil será otra cortina de humo para disimular la problemática que nos invade. Pasó con la COVID-19 y sus irreparables consecuencias para miles de familias.

Cuando un niño pequeño está malhumorado, enfadado o es presa del pánico, un truco clásico consiste en distraerlo. ¿No se nos distrae a los adultos con la misma facilidad? Yo creo que sí desde el instante en que la mentira y las gansadas se expanden cual adormidera trepadora para que la masa sea generosa en complacencia. Hay quienes a esto lo llaman obediencia debida merced a la compra de voluntades. De eso trata el juego del pitido, entretener a los de abajo para que los de arriba gocen y cohabiten a sus anchas ante nuestras infinitas y gallardas muestras de simpleza contemplativa.

En fin, si reciben un pitido en su móvil les recomiendo construirse ustedes su propio bunker; tarea nada fácil porque iremos todos en idéntico día y misma hora al Leroy Merlin a comprar lo necesario y nos pasará igual que con aquél misterio aún sin resolver del papel higiénico. Somos así.