Opinión

Montevideo (III)

PÁLIDA CONDENA

Miguel Ángel Gómez | Miércoles 02 de noviembre de 2022
  • Una vida llena de acontecimientos, arriesgándolo todo, la de Enrique Vila-Matas.
  • “Ningún francés vivo habría podido entender el caos de mis pensamientos”, Henry Miller.
  • Mis pensamientos revolotean todos a mi alrededor con su persistencia de ratón. Intento recordar la historia de Montevideo tal como Vila-Matas nos la ofreció.
  • La mentalidad de Vila-Matas tiene un atractivo especial, aunque la consideremos aisladamente. Ambición persiguiendo un sueño en el texto. Estar satisfecho con el progreso de su trabajo, con un caos que se acerca rápidamente.
  • Qué nos deparará tanto trabajo en el mundo real, moviéndonos sin elegancia rítmica fuera de la Isla. Estar como al fondo de algún océano, sin empezar a recuperar la confianza.
  • Apilé 22-páginas. Cuanto más cerca del final, más trabajo parece haber.
  • Mi material sobrevive a los malditos días sin hacerse preguntas.
  • Vila-Matas, unas manos humanas.
  • El proceso de sus ideas es lo que me fascina. Veo misterio en los rostros. Me miran. Yo los miro también larga y fijamente.
  • Sigue avanzando en la carretera desplazándose deprisa en medio de la masa.
  • Los placeres del conocimiento son artefactos, recuerdos del pasado.
  • Manía enciclopédica disfrutando con pensamientos particulares.
  • Puro sueño y deseo jugando en atardeceres muy agradables durante horas.
  • Todo inmortal bostezando con la boca cerrada. Me seco las lágrimas. Un poco de espectáculo.
  • “Estilo de vida” hipotético y lógico. Gusto simple y meta espiritual: brillante salón sin lámparas encendidas. Doy con una novela cuyo interior está equipado, sin ella esos hombres están perdidos para siempre. Lo que Enrique Vila-Matas nos ha revelado es la no anulación del atractivo de todo experimento, al menos desde mi punto de vista. Él sabe que la felicidad está en el valle con sonidos distraídos.
  • Los demás no aguardan lo que está en fuga. Quizás el cambio consista en decírselo a todos.
  • Vendaval inconsciente y genuino, como la verdad. El estilo inconsciente de Montevideo no se estrella. Gran despliegue de todas las peculiaridades de una literatura como un diván suntuoso. Vila-Matas corteja la fama particularmente brillante. La trama de su novela recuerda a los relatos vibrantes que aparecen sin mayor aviso. Todo un inmenso y hermoso panorama que solo pueden disfrutar los vilamatianos “con sonrojada confusión que se dibuja en su semblante”, Nabokov.
  • El juego entre lo real y lo ficticio oxigena cualquier cubil. Lo existencial solo puede repetirse inconscientemente. Porque lo mejor es tener muy mala memoria. El carácter ensayístico es un anhelo de poseer lo que ya no se puede poseer. Si miramos las obras de Enrique Vila-Matas, nos asombra la modernidad con sus requerimientos audaces. La música que se canta por dentro y que nos cambia. Alguien que lee a Melville o a Shakespeare o a Wolfe, profundamente verdaderos, con su ardor que transforma sin procedimientos convencionales a lectores para reconstruirlos enteramente.
  • “Pasan los hombres y no son felices”.
  • Pasado y presente como sobre una muralla en ruinas. ¿Súbito auge popular? Desperté a las 9:30 y mi “mente asombrosa”, al otro lado de las cosas, entrenaba cuando hacía buen tiempo.
  • Lúgubres reuniones derribando los tinteros. Plumas como flechas que acaban de empezar peligrosamente divinizadas.
  • Cuando escribo leyendo Montevideo hay huecos que se abren en el espacio. Me convierto en temblor que va recorriendo el cuerpo, en zumbido que no es obstrucción, en jefe de servicio, en azul oscuro y luego en negro
  • Miro el montón de periódicos que parecen enormes vikingos de pelo rubio. ¿Quién habla de Enrique Vila-Matas mientras da el sol como un globo que se levanta en el aire sulfuroso, un sol que es como un Hércules suspirando hondo?
  • El Teatro Solís de Montevideo ¡es sorprendente! Oh Teatro Solís que no se esfuma. Larga vuelta por la ciudad profundamente. Mario Gas sin carrera de carros está embelesado. Agradable caminata sin bloque de hielo al hombro. Santuario cortazariano que no se consume como un puro. Ir con pie ligero por una habitación. “No había ido al encuentro de aquella habitación, no había atravesado el Atlántico, para entrar en un departamento que acabara pareciéndome un sitio que no podría existir”, se dice.
  • Me recuesto en dunas rescatando la novela de Enrique Vila-Matas. Imagino a Kerouac diciendo con nitidez: “¿Adónde ir? ¿Cuándo moriremos de esa manera? ¿Qué queda por decirse, que no se haya dicho antes?”. Todos los conflictos humanos desearían una discusión absoluta.
  • Sigo un rumbo maduro leyendo: “Ahí estaba el cuarto de baño, que era como había descrito el cuentista y tal como lo había imaginado al leer el relato”.
  • Aclaraba Raymond Roussel que el rey del tenis “se ríe de la red”.
  • El otro no aspira a ser un fracasado como una pintura vista anteriormente.
  • Nunca se sabe bien dónde se mete el otro. ¿Dónde formula algún juicio, pronuncia alguna sentencia teniendo la intención de que dure toda la vida?
  • La palabra “otro” significa inicialmente alguien distinto, pero de igual tipo del que se habla.