En teoría, los bandazos políticos y hasta ideológicos de Pedro Sánchez están resquebrajando la coalición con Podemos y espantando a sus fieles socios de investidura, como ERC. El rechazo de comunistas y separatistas a las últimas medidas del Ejecutivo proseguirán a lo largo del año de legislatura que resta. Como el intento de renovar el CGPJ con el PP.
Ocurre, sin embargo, que tanto al PSOE como a Podemos, también a ERC, les interesa distanciarse de cara a la convocatoria electoral. Por un lado, y solo estratégicamente, Sánchez busca situarse en la socialdemocracia, mientras Podemos quiere convertirse en el único partido que representa a la izquierda más pura y dura.
Irene Montero se muestra indignada por las enmiendas del PSOE a la perversa Ley trans, ERC presiona para que se rebaje el delito de sedición, Bildu exige que el Gobierno cumpla su compromiso de aprobar la Ley de Vivienda. Los socios de Gobierno y de legislatura amagan pero no dan. Están tan interesados como el propio Sánchez en agotar la legislatura. Buscan marcar perfil propio y, luego, alardear de haber conseguido que el Gobierno apruebe sus medidas “progresistas”.
Cuando se celebren las elecciones generales, sin embargo, si salieran las cuentas, volverían a negociar otro Gobierno de coalición. Pero, de momento, el presidente aparcará su agenda “progresista”. Solo actuará cuando sea imprescindible. El resto del año que resta se centrará en un paripé cargado de toneladas de propaganda. En cierto modo, Sánchez ya da por concluida esta legislatura. Ahora, está centrado en su eterna campaña electoral.