Opinión

La disyuntiva catalana

Ángel Duarte | Martes 07 de octubre de 2008
La semana pasada uno de los analistas más finos del periodismo barcelonés, Enric Juliana, publicaba una columna en la que animaba a la sociedad catalana, e implícitamente a las minorías selectas que la dirigen, a definirse ante una posible salida del grave impasse en el que nos hallamos. Desde su atalaya madrileña, Juliana sostenía que, por un lado tenemos el tema, recurrente de la financiación. Una problemática, añadiré por mi parte, pesada y estéril, en absoluto falta de razones pero sí, tal y como la manejamos, de razón. Por otro lado - retorno a Juliana-, nos enfrentamos a los efectos de la crisis brutal que golpea inmisericorde al conjunto de las economías, también a la catalana y a la española.

De hecho, ese mismo día y en la misma edición digital de La Vanguardia, ya se daba cuenta de la presentación del Expediente de Regulación de Empleo en SEAT y de la perspectiva de que ello afecte, de manera directa, a casi cinco mil trabajadores del Bajo Llobregat y de Barcelonés. Todavía, a esas horas, no se habían disparado con estruendo las alarmas alemanas, que algo tendrán que decir, y sino al tiempo, en nuestra industria automovilística.

Bien, todas las incógnitas se han resuelto en pocas horas. la profundidad de la tormenta es importantísima y la sociedad catalana tiene que responder a la disyuntiva entre poner todos los huevos en la cesta imposible de una reforma del sistema de financiación autonómica o bien optar por la ambición y hacerse presente en el conjunto de España y probablemente en estrecha sintonía con otras comunidades mediterráneas –Juliana mencionaba abiertamente a Valencia- para hacer valer su condición de puerto receptor de Extremo Oriente, de sede de mucha pequeña y mediana empresa con vocación exportadora,… En otras palabras, para presentarse como uno de los pilares de la respuesta española a la crisis. ¿Por qué no? Lo que sugiere Juliana, y no es en absoluto moco de pavo, es que Cataluña está en disposición de proponer líneas estratégicas para hacer frente a la crisis.

El problema radica, recelos centralistas al margen, en la escasa ambición real de una clase política que, en clave de coro catalanista, y por tanto, sin voces solistas que destaquen, continúa sosteniendo lo imposible: la mejora, ya, de la financiación y la salida de la crisis con protagonismo regional.

En suma, a pesar de que los analistas más serios están haciéndonoslo notar, es muy posible que los catalanes, con nuestros gobernantes al frente, nos mantengamos colectivamente y con una sonrisa de oreja a oreja en esa situación de constante batalla contra lo que venga de Madrid. En algún momento de nuestro pasado reciente dejamos de proponer para movernos, cada vez con más resuelta comodidad, en la mera reacción. No saben hasta qué punto desearía equivocarme y que alguien, de los que mandan, hiciese caso a Juliana.

TEMAS RELACIONADOS: