Opinión

El poder de la palabra

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 09 de noviembre de 2022

Cuando la palabra es violentada por vulgarismos o díscolas acepciones de fabricación casera, ya sea para convertirla en adúltera o bien para desfigurar el sentido real e impedir llamar a las cosas por su propio nombre, me sugiere dos simples motivos: A) Cuestión ideológica. B) Favores bien pagados.

La nueva cultura torticera que orbita alrededor del todo vale provoca el desgaste del conocimiento pretendiendo con ello borrar lo auténtico e imponer la modernidad a base de resetear el intelecto hasta dejarlo plano. No digamos lo perseguidos y mal vistos que ahora están los intelectuales fuera de cuerda que escribieron sus obras para darnos la oportunidad de crecer en sabiduría. Para los inanes de condición los tiempos actuales no son tan diferentes a otros, lo que sucede es que el rencor es la antesala de la ordinariez y nada les mueve salvo el esquilmarlo todo con intención de imponer doctrinas a precio tasado. Hasta ahora el saber cabal descansaba en la no ignorancia, pero hoy en día prima más el ser asno que dueño de letras bien aprendidas. Cabe decir que bien sea el modernizar nuestro lenguaje, pero sin vulnerar su espíritu ni la esencia que nos hace más cultos.

Llegados a este punto, cuando la palabra pierde su valor y es el poder quien pasa a administrarla, encontramos lo inverso al sentido común; de tal manera que las corrientes de los ríos ahora discurren cuesta arriba y la “neolengua” se convierte en especie invasora contra todo orden establecido. Sobran pues maestros, académicos, filósofos e ilustrados en verbos, y digo sobran porque los acróbatas de la impericia se contorsionan sobre su propia ignorancia haciendo caso omiso de la magistra vitae historia est, pues esa y no otra es la fianza depositada por quienes volcaron sabiduría al decir que la historia es la maestra de la vida.

Es tal la pobreza a la que nos está sometiendo esta corriente, que para nombrar la palabra asesinato alguien lo define como “suicidio ampliado”; que viene a ser parecido a la nada en su etimología más abstracta. El lenguaje inclusivo, por ejemplo, ha surgido de unas contracciones mal gestionadas por quienes todavía creen que la Tierra sigue siendo plana. De manera que todo este afán por desequilibrar el sistema verbal tiene por finalidad no desviarse un ápice del establishment populista que descansa en evitar que la población desee, piense o hable con propiedad y en libertad.

A tal fin, se eliminan significados no deseados de la palabra correcta y se crean otros asertos que metidos con calzador van dando forma para que el propio concepto de libertad política o intelectual deje de existir en las mentes de los hablantes. Más o menos un crimen del pensamiento en donde la excelsa palabra es la víctima elegida. De una manera más gráfica viene a ser como un asesino o asesina que mata de 20 puñaladas a una persona y después pretende darle sentido contrario al hecho diciendo que la culpable fue ella, la víctima, por caerse repetidas veces sobre el cuchillo de cocina. Y de esta manera al asesinato lo definen como suicidio por compasión.

La idea general es que la “neolengua” sustituya a la “viejalengua” y todos acabemos entendiéndonos a través de gruñidos. Es la demencia totalitaria la que nos devolverá a las cavernas del pensamiento único. Razones no le faltaban a George Orwell quien a través de su novela 1984 retrataba el devenir de lo que hoy ya cohabita entre nosotros: “cambiar la historia a conveniencia de una ideología para controlar a las masas”. Y como la palabra culta, aseada y libre en ejercicio,practica ese poder de llamar a las cosas por su nombre, pues conviene desterrarla para dar paso al gruñido inteligible a nivel de la obediencia interpuesta. A fin de cuentas, la idea de la “neolengua”, como forma de hablar, no es otra que la manera de controlar y refinar el pensamiento de la población contraria a los intereses políticos del poder gobernante, y para eso nos imponen las palabras de garrafón. Y esto que expongo ya no es una divagación orwelliana, es que a grandes zancadas la realidad se viene instalando en los cinco continentes. Si ustedes lo desean a esto podemos llamarlo Agenda 2030 o tal vez, Gobierno Único Mundial.

La virtud de la palabra culta está en que siempre va acompañada de significado, de ahí la importancia que tiene y siempre ha tenido cuando en las manos adecuadas o en la mente creativa de cualquier genio puede llevarnos a donde queremos estar o hacernos partícipes de la ensoñación más increíble. De ahí que muchas de las expresiones utilizadas por las hordas políticas de hoy en día sean sencillamente eufemismos o trucos retóricos. En definitiva, simples sonidos que retumban en los hemisferios cerebrales para quedar grabados en el hipotálamo, por cierto, glándula que coordina las emociones del ser humano.

Y de esta manera, sin saber cómo, la gestación de esta nueva criatura, llamada vulgaris intellectus, se ha introducido en nuestro organismo, y lo más preocupante es la facilidad que tiene para reproducirse. Para que luego digan que el presunto asesinato de una niña inocente, no es lo que es, porque según la nueva palabrería, tan de moda y extendida, hay que definirlo como “suicidio por compasión”. No tengo más palabras para la ocasión.

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