Es lo que siento, indignación y vergüenza, por el adiós pactado con los golpistas, al eliminar el delito de sedición. Es decir barrer del Código Penal un delito que es nada más y nada menos que “el alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión”. En la actualidad, el Código Penal recoge el delito de sedición desde el artículo 544 del año 1995, como delito de orden público con el siguiente enunciado: “Son reos de sedición los que, sin estar en el delito de rebelión, se hacen pública y tumultuariamente para impedir por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”.
Ahí es nada. Como para no sentir indignación y vergüenza al oír al Presidente de tú país, justificar el cambio para conseguir votos que faciliten sus andaduras parlamentarias, con mentiras como “adecuarnos a nuestro entorno internacional”, cuando cualquier persona informada sabe que las penas en Alemania, Francia o Italia son muy superiores a las actuales en España. Pero Sánchez, nos habla de la sustitución por el delito de desórdenes públicos, en un giro más de nuestro Pinocho nacional, que piensa que todos somos esos Gepetos imbéciles y fáciles de manejar, como pretende también la ministra Portavoz-cuyo nombre no me importa- que pretende que. todos los medios de comunicación tengan un especio obligatorio para anunciar las “burradas” gubernamentales”. Es decir, un nuevo NODO, que también si estos dictadores se empeñan puede ser asignatura obligada en las Facultades de Ciencias de Información.
Como no voy a sentir indignación y vergüenza, cuando estos “Maduros españoles” nos hacen recordar épocas pasadas, como la magnífica conferencia que Luís María Anson nos dictó hace ya muchos años, a los alumnos de la Escuela de Periodismo de la Iglesia, en la que nos habló de sus experiencias periodísticas en Extremo Oriente, poco antes de ser sancionado por el régimen de Franco por su relaciones, creo recordar, con Don Juan, a través de su Consejo, o la que sufrí en propias carnes al leer a principios de noviembre de 1975 el parte médico de la enfermedad de Franco, en el Diario Hablado de las diez de la noche de RNE, que a la sazón dirigía, y mi olvido de nombrar a uno de los doctores que firmaban el parte médico. Un olvido que fue castigado con 15 días empleo y sueldo, sanción impuesta por el entonces ministro de Información y Turismo, León Herrera Esteban, y que fue obviada por un excelente director de los Servicios Informativos de RNE, Francisco Ruiz Elvira, que lo solucionó con la frase que leíamos en todos los Diarios Hablados : “Firmado por el equipo médico habitual”,
Y ahora, nos quieren hacer recordar estos gobernantes que hay que volver a aquello, mientras otros comen bombones belgas. Por favor, ¡qué vergüenza!