La magna manifestación celebrada en Madrid deriva de la campaña puesta en marcha por el sanchismo ante las elecciones municipales, autonómicas y generales del año que viene. Uno de los objetivos sustanciales consiste en escabechar a Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad, que mantiene su arrollador carisma popular. Ella desbarató la operación Sánchez-Iglesias cuando el vicepresidente podemita desembarcó de Moncloa para salvar a su partido en Madrid y organizar un Gobierno de izquierda radical en la región madrileña.
Isabel Díaz Ayuso es el enemigo a doblegar. El pretexto para orquestar la operación, como ha demostrado la sagacidad de Miguel Ángel Rodríguez, ha sido la Sanidad, segmento de la vida social que en todas las comunidades adolece de grietas y goteras. Mónica García ha declarado sin tapujos ni veladuras: “Usted sabe mejor que yo que esto no va de Sanidad. Esto va de política, de encuestas y de que quedan pocos meses para las elecciones”. En su admirable artículo en El Mundo, bajo el título: “¿Adónde nos llevan?”, Isabel Díaz Ayuso se evade de los acosos autonómicos para anticipar lo que algunos pretenden hacer fracturando España.
No procede, en consecuencia, el desgarro de las vestiduras autonómicas. Estamos ya en campaña electoral y se ha puesto en marcha la tenaz caravana dirigida por la habilidad sanchista. El problema de la Sanidad, que lo hay, no es otra cosa que un pretexto para montarle un pitote callejero a Isabel Díaz Ayuso y resquebrajar su sólida figura política, No hay que caer en la trampa de lo accidental. Resulta necesario ir a lo sustancial. Y lo sustancial es que las manifestaciones callejeras se han organizado con el pretexto de la Sanidad para fragilizar a Isabel Díaz Ayuso. Tanto la presidenta como su consejero, Miguel Ángel Rodríguez, lo saben y lo han denunciado de forma inequívoca.
Y que nadie se llame a asombro. A lo largo de los próximos meses se multiplicarán los escándalos en torno a Isabel Díaz Ayuso que la presidenta superará si mantiene su actual energía para denunciar las tropelías, enfrentándose a ellas con decisión y contundencia. La espada de Damocles, en fin, planea sobre la cabeza de la Comunidad madrileña. No resultará fácil despojar de su filo a las amenazas orquestadas. Pero Díaz Ayuso lo ha hecho en muy diversas ocasiones y ahora, a la puerta de las elecciones, ni se arrugará ni se equivocará. Los analistas más responsables apuestan por una victoria electoral de Díaz Ayuso. El tiempo dirá si tienen o no razón.