El bochinche mental de Sánchez empieza a ser preocupante. Solo tiene una misión: decir que “sí” y “sí” a todo lo que le piden sus socios, a todos los que llevan las alforjas cargadas de escaños. Da igual que se provoque una ola de indignación en la opinión pública. Da igual rebajar hasta el mínimo el delito de sedición, que manosear el de malversación, que aprobar la polémica ley de Montero. Desconoce la trascendencia legal de las decisiones. Desconoce hasta los detalles de los textos. Pero es capaz de salir a la palestra a defender con uñas dientes todos los trampantojos legales con simples eslóganes prefabricados. Dice que hay que buscar la convivencia en Cataluña y alardea de acorralar a los delincuentes sexuales. No dice que necesita a ERC y a Podemos para sobrevivir.
Y él, en efecto, sobrevive, pero deja el Consejo de Ministros patas arriba y cuela unas leyes que provocan lo contrario de lo que anuncia el Gobierno. Desde que Podemos festejó la aprobación del “sí es sí” no han dejado de salir violadores de la cárcel. Las ministra de Igualdad dice que es por culpa de los magistrados que son machistas y retrógrados.
Y Pedro Sánchez como el que oye llover. Una de sus ministras, Irene Montero, para defenderse de la pifia, insulta a los jueces por “reaccionarios” y el presidente ni se inmuta. Pero luego tiene que salir la ministra del PSOE Isabel Rodríguez, para corregir a su compañera de Gobierno y pedir respeto a los representantes de la Justicia. El líder, sin embargo, calla. No se desgasta en estas polémicas “estériles”.
Pedro Sánchez va a tener que tragar muchos sapos y hacerse el despistado. Va a recibir mamporros y tendrá que cumplir con las exigencias delirantes de los socios de legislatura. Porque su dependencia de los escaños es patológica. Prefiere no gobernar y dedicarse solo a aprobar lo que le pongan por delante, aunque haga el ridículo y luego se vea obligado a corregir leyes recién aprobadas. Prefiere no enterarse de nada.
Es la fórmula que ha elegido para habitar La Moncloa un año más. Que la habitará con el Consejo de Ministros incendiado y con los empresarios y los jueces, entre otros muchos, indignados con las normas y leyes que les perjudican, mientras soportan los insultos de los propios ministros. Pedro Sánchez tiene por delante un fin de legislatura tan abrupto como suicida.