Opinión

El Mundial de Qatar 2022 en Catar

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 17 de noviembre de 2022

Llega la polémica Copa del Mundo del fútbol soccer a verificarse en Catar. La marca Qatar 2022, su nombre comercial, así registrado mundialmente, es tan habitual ya como extendida en el tiempo hace años y ha sido anómala desde que nació. Se trata de una edición controversial ya en su primer día y promete serlo a lo largo de su desarrollo. Controvertida abarcándolo todo, desde cambiar la fecha inaugural hasta esa mascota peculiar, el entramado y su contexto cultural, derivando cada debate, aludiéndola, en uno contaminado por recelos, descalificaciones, la guerra de Ucrania y por las voces que se alzan contra ella por diversas razones, no todas transparentes ni tan espontáneas como lo aparentan. Del feminismo al deportivismo más extraño salpimentándola de boicot, más las acusaciones o los mosqueos de toda laya. Muchos que se niegan a participar cantando y tal, vienen de países que regentean Guantánamos o han vendido leche radioactiva o facturan armas a terceros. Tanto pudor mostrado contra Qatar 2022, no cuela o, al menos, a mí no me subyuga. Cante o no, Shakira.

Revestida su designación de actos de corrupción que, desde que fueron revelados después de dar mal fario anunciarla –y que hoy el señor Blatter con mucha cara y poca vergüenza, dice que otorgarla fue un error, mas no devuelve lo mucho que se embolsó, asignándola– solo abundan en la desconfianza y la diatriba. Nadie canceló la sede, pero los Estados Unidos, los grandes perdedores de no obtenerla, no se quedaron conformes, emprendiéndola contra la FIFA, destapando, qué no descubriendo, un inmenso fraude en el organismo que reclama Fair Play a todos, menos para sí mismo. Así de incongruentes y todavía en días previos al certamen, se siguen salpicando nombres. De Francia a Catar.

Ahora, que Catar ha hecho un esfuerzo monumental para ser organizador, es innegable. Que ha tenido que ceder en legislación laboral no exenta de acusaciones que apuntan hasta a esclavitud de obreros, también es verdad. Los señalamientos se han acumulado por años. Que si muchos muertos en la construcción de estadios, que si la FIFA solo ve por el dinero –¡qué novedad, señores! solo falta que lo juren– mas, el Mundial prosiguió. ¿Ello habla más mal de Catar o de la FIFA? para bailar el tango se necesitan dos… Y francamente, parece que se le carga las pulgas más a Catar que a la FIFA y no estoy de acuerdo en ese proceder. La mala prensa se ha ensañado con el país del golfo Pérsico, primando, callando el negociazo que es FIFA y pareciera que no desean ofenderla esas tribunas periodísticas deportivas de Europa y América. Olfateo cierta cobardía en esa actuación. Y ningún equipo calificado se retiró, aduciendo violación de Derechos Humanos. ¿Ergo? Así que déjense de falsos pudores.

De manera tal que también el cúmulo de una mala prensa soterra igual un desprecio por ser un país musulmán o uno de Tercer Mundo –que a los internacionalistas snobs, el terminajo les fastidia y lo tildan de obsoleto, equivocadamente– y esa mala prensa acrecienta descréditos de toda envergadura. El crimen no debiera ser que no se trate de un país de Primer Mundo ni debiera invocarse. Haciéndolo, mas parece que, en realidad, lo que se cuestiona es que el negocio no quedará en el Primer Mundo. Algunos países de Primer Mundo masacran a otros y tan contentos que se quedan y si acaso frente a eso, otros fingiendo decencia, se llaman cariacontecidos sin más. Así que vergüenzas, en todas partes. Por lo tanto, los señalamientos a Catar desde ese Primer Mundo, sobran y por mucho. Suenan injerencistas y de mucha pose. Y están como esperando a que Catar se disculpe por ser. Los llamados a boicots son tonterías y pintan para mucho histrionismo y mucha chulería. Para tanto moño, no haber dado a Catar esa sede y quitarse de tanta monserga y postureo. ¿Qué cuestionan la falta de Derechos Humanos? ¿qué alguien quiere protestar por la sede asignada? Entonces apague su televisor y desconéctese de toda noticia alusiva. Está en libertad de hacerlo y por elemental congruencia, hágalo. Eso toca hacer, y ya, sin tanto rollo. Por cierto, va Irán, por si a alguien eso fastidia como si hubiera acudido la sancionada Rusia. Así que antes de cortarse el cabello, apague su televisor y evádase.

En la acera de enfrente, sí, desde tiempo atrás, los cataríes han dejado claro que no permitirán ni solaparán desmanes de aficionados. Sí, cosas de las libertades, reconózcase, como que eso del Mundial se ha vuelto un desmadre mundial con el fútbol de pretexto, también admítase. Parece que Catar ha planteado que quien acuda, lo hará para ver fútbol. Con sarcasmo refulgente, respóndase: ¡Hombre! para ir a ver fútbol… me quedo en casa a sintonizarlo por la tele. Que al Mundial se va a otra cosa. Desafortunadamente, prima haberse convertido en eso no solo la sede mundialista, sino el fut secuestrado por la tele; y es de suponer que el degenere ni es grato ni aceptable. Ningún país tiene que tragar con el caos de aficionados mal portados. También acéptese. Quien quiera desmanes, allá en su casa organícela quien quiera cargar con eso y es perfectamente valedero. En su casa.

Centrándonos en el espectáculo que nos ha de congregar, entre jugadores lastimados, sorpresas por verificarse, promesas y veteranos en tiempo extra, pero comercialmente explotados hasta el final, no sé qué esperar. Como México llega sin hacer los deberes, cualquier cosa abona a suceder. Y a todo esto, nadie puntualiza si, al menos, veremos mejor fútbol. ¿A alguien sí le importa? Como quiera que sea, estamos en presencia de la Copa del Mundo que se ha preparado en medio de una pandemia, donde suponemos qué, aún primando el dinero, no se pudo efectuar un entrenamiento de jugadores más idóneo, librado entre restricciones, contagios, confinamientos y sobresaltos diversos. Veremos quién sí se preparó en medio de tanta adversidad. El rectángulo verde ya nos desvelará la realidad imperante.

Desde Doha, mi amiga Cristina generosamente me expresa su sentir: "Catar está de fiesta a pocos días de la Copa del Mundo. El ambiente es muy agradable y da gusto ver banderas y cánticos por doquier. Llegamos a Catar hace más de trece años como familia y es increíble el cambio que ha tenido el país y todo el esfuerzo que se ha hecho para recibir con los brazos abiertos a todos los que vienen al Mundial". Para mí es más ilustrativo esto que cieetos perdigones lanzados sin más. Me quedo con sus palabras que le agradezco infinitamente.

Por lo demás, este extraño Mundial encimado entre un ambiente otoñal y prenavideño por razones harto sabidas, ha llegado y, entonces, que ruede el balón, ya que no hay más remedio. Estoy cierto de qué al primer silbatazo, se olvidarán muchos alegatos y se aminorarán muchos resquemores. Ya atestiguaremos como el planeta se embota con la pantalla y no es malo, pues cerramos un año de mucho jaleo, así que nos merecemos enajenarnos tantito. Ya ha sucedido en otros encuentros mundialistas. Nada fuera de lo normal. ¿Quién creo que ganará? No me atrevo a anticiparlo. No hay quiniela certera y sí considero que será un Mundial de muchas sorpresas. Y eso es adecuado. Que la emoción no mengüe ni el interés se pierda, que la competencia después de todo, es para todos y se va a todas. La expectación debe prevalecer durante todo el certamen y si preponderara durante toda la justa deportiva que nos reúne, tal incertidumbre por conocer al ganador es de un tamiz inmejorable que yo celebro.