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Comienza el Mundial de fútbol más polémico y caro de la historia

(Foto: EFE).

CATAR 2022

M. Jones | Domingo 20 de noviembre de 2022
Catar se ha gastado 200.000 millones de dólares en el torneo, 16 veces más que lo que invirtió Rusia para 2018. La FIFA se frota las manos.

Este domingo ha arrancado el Mundial de Catar 2022, una cita futbolística que no tiene parangón en cuanto a lo discutido del entorno y al monto de millones que se han invertido en su organización. La costosísima ceremonia inaugural, celebrada en el Estadio Al Bayt -construido a 40 kilómetros del centro de Doha, con una inversión de 847 millones de dólares-, representa la punta de lanza de un despliegue monetario de la teocracia musulmana catarí sin precedentes en la historia del balompié. La FIFA, principal beneficiada, se frota las manos: calculan que aumentarán un 14% las ganancias obtenidas con el Mundial precedente, el de Rusia 2018.

Las cifras evidencian un salto de categoría impresionante. La nación dirigida por Vladimir Putin se gastó 16 veces menos que lo que ha invertido Catar en la organización del evento de fútbol más importante. Aunque el Estado emiratí ha asumido una reciente política de discreción con respecto al gasto empleado, no siempre ha sido así. En 2017 habló en este sentido el ministro de Finanzas catarí, Ali Shareef Al-Emadi. "Gastamos cerca de 500 millones de dólares por semana en los principales proyectos y eso va a continuar así durante los próximos tres o cuatro años a fin de conseguir nuestro objetivo", expuso entonces, con límite fijado en 2021. "Si tenemos en cuenta únicamente la construcción de estadios, no será el Mundial más caro de la historia", defendió.

La realidad es que el volúmen de inversión en el proyecto adherido al Mundial pasa ya los 200.000 millones de dólares. Para situarlo en perspectiva, Alemania invirtió 4.300 millones de dólares para el Mundial que acogió, en 2006. La potencia petrolera de Medio Oriente ha conseguido tener construidos todos los estadios donde se van a jugar los 64 partidos del torneo con casi un año de antelación. Han metido en esas obras casi 10.000 millones de dólares. Lo nunca visto. Y tampoco se cuenta con comparación válida en lo concerniente a las vidas que ha cobrado semejante logro industrial. Estudios independientes denuncian que han fallecido más de 6.500 personas desde 2010 en el proceso de construcción mencionado. El director general de Catar 2022, Nasser Al-Khater, ha reconocido tres muertes.

Catar y el 'sportswashing'

El emirato ha conseguido su objetivo. Está en el centro del mundo, tratando de exponer una imagen adosada a los valores deportivos. Quiere que se olvide el sistemático maltrato a los derechos humanos y aparecer como un interlocutor sin mácula, más allá de su ingente chorro de millones de dólares. Pero no lo está teniendo del todo fácil, pues en Europa y Estados Unidos se han multiplicado las denuncias contra el trato que Catar ofrece a los homosexuales, a los trabajadores migrantes y a las mujeres. Tanto han arreciado las críticas que sus directivos se han revuelto acusando a Occidente de "racismo". Y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha querido poner la cara roja a los países desarrollados.

Con todo, el país catarí forma parte de los pujantes Estados teocráticos de Oriente Medio, un cúmulo de naciones bañadas en petrodólares que están empujando con fuerza para conseguir mejorar su imagen a través del deporte. Es el conocido 'sportswashing', o uso del deporte para mejorar la reputación. El Mundial de fútbol Catar, la Supercopa de España celebrada en Arabia Saudí, los Grandes Premio de Fórmula Uno celebrados en Losail y Abu Dabi, el organizado en Catar para MotoGP o el circuito LIV de Golf son sólo algunos de los ejemplos de este intento de erigirse en el centro del deporte planetario. Pero hay más: el equipo ciclista de Tadej Pogacar, el Manchester City, el PSG, el Mundial de Atletismo de 2019, el de natación de 2024 -en Doha- o el Rally Dakar en territorio saudí. Y la lista no para de crecer.

La ceremonia inaugural

Contra ese movimiento se han alzado algunas voces que estaban llamadas a participar de la ceremonia inaugural vista este domingo. Rod Stewart ha explicado que "me ofrecieron más de un millón de dólares hace 15 meses y lo rechacé, no me parecía correcto ir"; Dua Lipa ha sido más clara: "Estaré animando a Inglaterra desde lejos y espero visitar Catar cuando haya cumplido con todas las promesas de derechos humanos que hizo cuando ganó el derecho a albergar la Copa del Mundo"; y Shakira también se ha negado a acudir al evento.

Sí han acudido el cantante Jung Kook, integrante del grupo surcoreano BTS, el cantante catarí Fahad Al Kubaisi o el actor Morgan Freeman. No lo ha hecho, para sorpresa de muchos porque estaba anunciado, el cantante colombiano Maluma. Este intérprete se fue de una entrevista este mismo viernes cuando le preguntaron qué le parecía formar parte de la banda sonora de un Mundial que se juega en un país con graves problemas con los derechos humanos. Los que sí se mostraron felices por estar ahí fueron Infantino y el emir Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, que se llevó la ovación de la corta ceremonia, que duró media hora.

"En los próximos 28 días vamos a mostrarle al mundo buenas energías en un festival espectacular, un espacio para cavilaciones humanas y de comunicación abiertos. Gente de distintas razas y orientaciones van a estar aquí y todos van a vivir momentos emocionantes. Será hermoso dejar de lado las cosas que nos dividen para celebrar juntos la diversidad. Deseo que todos disfruten", dijo el emir en su discurso inaugural. Le acompañaron personalidades como Recep Tayyip Erdogan -presidente de Turquía-, Abdel Fattah al-Sissi -presidente de Egipto-, Mahmud Abás -dirigente de la autoridad nacional Palestina-, Mohamed bin Salman -príncipe heredero de Arabia Saudí- o la vicepresidentea ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez.

Freeman, presentador del acto, reivindicó que "lo que nos une es más grande que lo que nos divide. Somos una gran tribu y la Tierra es nuestra tienda. Juntos podemos hacer el llamado para que todos se unan". Así, ante 60.000 espectadores en las gradas del estadio y millones de televidentes, se alzó el telón. Con protestas esparcidas por Occidente -las más potentes en Paris- de manera simultánea.

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