El nuevo fiscal general, el que fuera mano derecha de Dolores Delgado y que ha demostrado desde el primer día su adicción a la causa “sanchista”, Álvaro García Ortiz, ha salido al rescate del Gobierno ante el estropicio legal y la inquietud social por la torpeza del “sí es sí”. La nueva ley, desde que ha entrado en vigor ha provocado una desbandada de violadores de la cárcel, mientras otros, como el de “La Manada” ya han recurrido para reducir sus condenas de prisión. Irene Montero y su equipo han conseguido lo contrario de lo que buscaban y aseguraban.
Pero Pedro Sánchez utiliza como nadie a sus súbditos, como el fiscal general, para salir airoso de los despropósitos que se suceden en su Gobierno. No tiene reparos en aprovecharse de las Instituciones, incluso las que se declaran independientes como la que preside Álvaro García Ortiz. Y así, el nuevo fiscal, en cumplimiento de las órdenes de su jefe, ha dictado precipitadamente un decreto en el que ordena al resto de fiscales que se opongan a la revisión de sentencias si la condena que se impuso sigue vigente en la horquilla que fija el Código Penal para cada delito tras el cambio legal. Es decir, con este decreto se reducen los supuestos en los que los fiscales deban apoyar una rebaja de la condena inicialmente impuesta a los agresores sexuales. Pero no puede impedir que se reduzca el castigo mínimo por una agresión sexual de seis a cuatro años de prisión. El condenado a seis años tendrá derecho a la rebaja de la pena. En definitiva, seguirán saliendo de la cárcel violadores, a pesar del capotazo del nuevo fiscal a Sánchez.
Se trata, de nuevo, de una chapuza que no termina de arreglar del todo el estropicio. Habría que corregir los errores de la ley, pero Pedro Sánchez no se atreve a enmendar la plana a Irene Montero. Ya se ocupa de eso Yolanda Díaz.
Es grave aprobar en el Congreso de los Diputados una ley elaborada por ineptos. Pero también lo es usar y abusar de Instituciones como la Fiscalía General del Estado para fines partidistas Y, ahora también electoralistas. Pero así funciona el presidente del Gobierno. Los problemas los “resuelve” tirando de chequera o con su todopoderosa maquinaria institucional. Porque Sánchez entiende que las Instituciones dependen de él.