Laila Escartín Hamarinen | Miércoles 08 de octubre de 2008
Existen pruebas de que en un tiempo matriarcal existía algo que llaman “prostitución sagrada”. Los guerreros volvían de la guerra y debían purificarse tras haber matado, para ello, copulaban en el templo con las mujeres, pues la mujer era pura y estaba unida a la vida. Yo no llamaría a eso prostitución, el hombre no pagaba para pasar un buen rato copulando con una mujer, se trataba de un rito sexual en el que el sexo de la mujer (no era esposa del guerrero) limpiaba al hombre de la impureza del homicidio. La prostitución de hoy no tiene nada que ver con esto.
Dicen que el hombre necesita de la prostitución, es la llamada de su instinto. El hombre también tiene el instinto de la guerra y de matar: organicemos pues más guerras para satisfacer el instinto guerrero del hombre.
La prostitución es la más grave de las agresiones encubiertas que ejerce el varón sobre la hembra –óyelo azotar a las mujeres en la medianoche –, y no tiene defensa ni justificación, es una aberración. Ninguna mujer es puta porque le apetece. Las razones que llevan a una mujer a prostituirse son la pobreza, o el haber sido víctima de abusos sexuales en la infancia o la adolescencia. Pregunten a cualquier psicólogo o psiquiatra que trabaja con prostitutas. A todos aquellos hombres que dicen que las putas lo son porque les gusta, les deseo de todo corazón que la próxima vez que vayan al prostíbulo, se encuentren con su esposa, su hermana, su madre o su hija trabajando de puta. Quizás después cambien de opinión.
Mientras que la sociedad siga siendo misógina (queda patente en todas las áreas: publicidad; moda; cine; religión; mundo laboral; leyes sociales; etc.) no se erradicará la prostitución, sencillamente porque el hombre no ve ninguna razón para acabar con ella (es una necesidad, no lo olvidemos chicas, debemos ayudar a nuestros hombres a sentirse bien y cumplir con sus instintos, ¡hagámonos putas!)
El hombre teme a la mujer. Después de milenios, lleva grabado en su código genético el sometimiento de la mujer, y en muchos casos ni siquiera es consciente de que la somete o la humilla. Se podrían cambiar las leyes (también obra de los hombres) o aplicar las ya existentes para proteger a la mujer, pero no es tan simple. Creo que la única solución para acabar con la prostitución sería que ninguna mujer se prestara a ser prostituta, para ello habría que ofrecerles tratamiento psiquiátrico, trabajo, o educación dependiendo del caso, pero eso es caro, no merece la pena, ¿verdad? Mientras que no sea la hija de uno, no hay razón para esforzarse.
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