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La estrategia energética une a McCain y Obama

Ambos son continuistas de la política energética de Bush

Jueves 09 de octubre de 2008
Los dos candidatos a la Casa Blanca han eludido entablar un debate en profundidad sobre la política energética de Estados Unidos. La razón es simple : ambos comparten las grandes líneas estratégicas trazadas por su antecesor en el cargo, George W. Bush. De hecho, no tienen otra alternativa.

Recién instalado en su primer mandato en la Casa Blanca en febrero de 2001, Bush creó un comité de trabajo que tenía por nombre NEPD Group (Programa para el desarrollo energético nacional) y puso a la cabeza al vicepresidente Dick Cheyney. La tarea del comité era la de hacer un balance de las necesidades energéticas del país y proponer un programa de desarrollo para el sector por un período de 20 años.

La Casa Blanca constataba datos alarmantes : en el año 2000, EEUU habían importado el 52 por ciento de sus necesidades en petróleo y gas. Si el ritmo de crecimiento y consumo se mantenía, en los próximos veinte años dos de cada tres barriles serían de procedencia extranjera. La primera potencia mundial mostraba sus pies de arcilla : la dependencia energética. Según el NEPD, el déficit ponía en grave riesgo la seguridad del país. En consecuencia era absolutamente necesario determinar las relaciones con los países productores de petróleo en función de su situación específica, para garantizar los aprovisionamientos. La NEPD proponía una serie de recomendaciones, y el presidente norteamericano debía tomar las decisiones adecuadas.





En la primera región productora, Oriente Oróximo, para países como Kuwait, Oman, Qatar, Emiratos, Yemen y Argelia, se instaba a favorecer la privatización y la correspondiente inversión de las petroleras americanas. Con Arabia Saudita, la relación debía ser de alianza estratégica.

En la segunda, la región del Mar Caspio, una de las más importantes del mundo, había que favorecer el clima de inversiones extranjeras y programar la realización de infraestructuras de transporte, oleoductos y gasoductos, para hacer llegar a los mares calientes el carburante de Kazakstán, Azerbaiyán, Turkmenistán y el Cáucaso.

La tercera región era Africa. Por su proximidad, a través del Atlántico hasta las refinerías de la costa este, es el mejor del mercado. El NEPD abogaba por reforzar las inversiones de las petroleras americanas en Chad, Nigeria, Benin, Togo y Ghana. Cuando se constató que el petróleo off-shore de Mauritania era rentable, la Casa Blanca inscribió a este país como prioritario. En Africa Occidental, Guinea Ecuatorial estaba señalada comno un objetivo mayor. Razón por la que el Presidente Teodoro Obiang, vituperado por las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos, fuese recibido varias veces en las altas esferas de la Administración Bush.

La presencia tradicional de las petroleras francesas y europeas en Africa no fue un gran estorbo para la penetración de las compañías americanas. Hasta el año 2000, Elf y Shell dominaban el mercado del Chad. A partir de esa fecha, el gobierno de Yamena dio por finalizados los contratos con la compañias francesa y la holandesa, y abrió sus puertas a un único consorcio formado por la Exxon Mobil, la Chevron y la Petronas de Malasia. Los europeos fueron simplemente apartados. El nuevo consorcio recibió todos los avales necesarios del Banco Mundial.

La designación de las regiones estratégicas productoras de petroleo y gas, y suministradoras de crudo a EEUU, tenía que ir acompañada del correspondiente despliegue militar para garantizar el aprovisionamiento a medio y largo plazo. En estos 8 años, la potencia militar americana se ha desplegado en Asia Central, en particular en Afganistán, en el Golfo Pérsico (Arabia Saudita y Qatar), en Iraq, y en la región africana del Sahel. La lucha contra el terrorismo ha sido una oportunidad magnífica para la instalación de bases y para establecer alianzas sólidas con los Ejércitos de cada uno de los países concernidos. Las amenazas de Washington a regímenes dictatoriales como el iraní de Ahmadineyah, o el venezolano de Chávez, ambos díscolos y que periódicamente chantajean con cortar los suministros de petróleo, también hay que leerlas con esta óptica.

El despliegue militar, además, debía completarse con la instauración de regímenes democráticos, liberales, amigos de los Estados Unidos. No extraña pues el encontrar como Presidente de Afganistán a Hamid Karzai, quien trabajó con Condoleezza Rice en el consejo de administración de la petrolera americana UNOCAL. Y como embajador americano en Kabul, a Zalmay Jalilzad, tambíen ejecutivo en la misma compañía.

Esto por lo que se refiere a Afganistán y la región centroasiática. Respecto a Iraq, la presencia militar norteamericana es condición indispensable para que las petroleras sigan bombeando el crudo que alimentará las refinerías estadounidenses. En sus memorias tituladas "La edad de las turbulencias", el expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, exclama : "Estoy aterrorizado al constatar que se pueda considerar políticamente incorrecto lo que todo el mundo sabe, es decir, que la guerra de Iraq tiene como razón esencial el petróleo".

Tampoco es de extrañar pues, que en la reunión de febrero de 2001 del Consejo Nacional de Seguridad, entre los documentos remitidos a los presentes figuraba un estudio de la DIA (Defence Intelligence Agency) con una lista de los campos de petróleo y de gas iraquíes, indicando cuales serían las compañías petroleras americanas candidatas a recuperarlos tras el derrocamiento de Saddam Hussein.

Es curioso constatar como en diferentes regiones del mundo se repiten los mismos escenarios. El presidente georgiano Mijail Shakasvili se dirigió a la Casa Blanca en busca de ayuda "contra la penetración en su territorio de bandas separatistas y de brigadas yihadistas procedentes del norte" (de territorio ruso). Washington accedió a lanzar el programa GTEP (Georgia Train and Equip Program), preludio de la instalación militar en la zona.

En la región del Sahara y del Sahel, también los gobiernos de los países limítrofes, pidieron ayuda a EEUU, por mas o menos idénticas razones : luchar contra la presencia de Al Qaeda en la región ; y el Pentágono lanzó la Pan Sahel Initiative (PSI) atravesando toda la franja sahariana, e incluyendo Malí, Níger, Mauritania, Chad y Sudán. La PSI se amplió en 2005 con otros cinco países (Argelia, Túnez, Marruecos, Senegal y Nigeria), y adoptó el nombre de Trans Saharian Counter Terrorism Initiative (TSCTI). La misma Exxon Mobil que afirmó su presencia en Chad y en Guinea Ecuatorial, lo ha hecho en Angola, otro países productor africano de primera magnitud.

Ni McCain, ni Obama, tienen interés en sacar a la luz este debate. Porque cualquiera sea el próximo ocupante de la sala oval, la política energética norteamericana seguirá siendo una cuestión de seguridad nacional.






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