Edición y prólogo de José Pazó Espinosa y David Almazán Tomás. Prensas de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza, 2022. 333 páginas. 20 €.
Por Matías Jaque Hidalgo
Entre 2008 y 2013, el destacado hispanista japonés Hideito Higashitani publicó en El Imparcial una serie de 101 artículos en los que daba testimonio del presente y ajustaba cuentas con el pasado. Gracias a la edición de José Pazó Espinosa y David Almazán Tomás, contamos ahora con estos textos en formato de libro, bajo el título de La flor del ciruelo y la rosa azul. Cartas de un hispanista japonés sobre la cultura y el mundo presente. Conviene tener presente que estos artículos han sido escritos directamente en español, hecho que testimonia la voluntad de trazar un puente genuino entre las culturas hispana y nipona. Gracias a él, podemos atestiguar los flujos que en ambas direcciones nos unen, y constatar que estos han sido y continúan siendo generosos. La diversidad de temas e historias cubiertas -que va desde las intrigas de los cristianos clandestinos en el Japón tradicional hasta las condiciones laborales de los artistas tras el auge del anime, pasando por la barbarie de Hiroshima y Nagasaki- puede despistar de cierta íntima unidad dada por una voz subyacente que, para cuando finalizamos el libro, nos hace sentir la complicidad de un amigo.
El título dado por los editores al volumen ofrece una clave de lectura que expresa, en buena medida, el tono de esa voz: por una parte, la flor del ciruelo, objeto de contemplación en la tradición del Hanani, que se remonta, según relata Higashitani, a la época de Nara, en el siglo octavo (p. 22); por otra, la rosa azul, el improbable fruto, según nos informa un artículo de 2010, de los adelantos técnicos contemporáneos. La flor de la Tradición y la flor de la Modernidad. Ante el falso dilema entre apocalípticos e integrados, Higashitani tiene el coraje, sin embargo, de reclamar su independencia. No en vano, como nos recuerdan los editores en su introducción (p. 10), siendo uno de los primeros hispanistas de origen japonés, Higashatani dedica su tesis doctoral a un representante ibérico de la Ilustración: Leandro Fernández de Moratín.
Así que, ya por su formación, Hidehito Higashitani tiene algo de pensador ilustrado, cuestión que, ni por poco, lo transforma en un autor “occidentalizado” (sea lo que sea que, en última instancia, quiera esto decir). Quizás uno de los aspectos más interesantes de la perspectiva y la personalidad que en estos 101 artículos se revela es la combinación e integración de esa perspectiva racionalista dieciochesca con los ingredientes fundamentales del carácter japonés. Hidehito Higashitani es, por tanto, profundamente ilustrado a la vez que profundamente japonés, bajo el entendido de que ser profundamente algo equivale a no cumplir la caricatura superficial que sobre lo uno o lo otro en principio pudiese tenerse en mente.
Permítaseme elegir, para finalizar, una las historias que el lector encontrará en este volumen (p. 248), y que ilustra, a mi juicio, sus alcances generales. Sadako Sasaki fue una niña condenada por la leucemia que, víctima tardía del bombardeo más brutal del que tenemos registro, resistió durante 8 meses hospitalizada. Durante este periodo, se propuso elaborar mil grullas de papel, siguiendo una antigua creencia nipona según la cual las grullas de papel traen salud a los enfermos. Se dice que llegó a hacer 1300 grullas antes de morir. No es de extrañar que, desde entonces, las mil grullas de papel pasaran a convertirse en un símbolo de paz. La imagen es estremecedora. De algún modo, no podemos sino empatizar y sentirnos conmovidos con un gesto de profunda dignidad que, a la vez, sabemos infructuoso frente a la verdadera dimensión de las fuerzas a las que se enfrenta.
La pregunta es, claro, qué hay en él, a pesar de su trágica inutilidad, que nos transmite esperanza y acaba, de este modo, revistiéndose de más fuerza que otros gestos en principio más prácticos y urgentes. La historia se me antoja, en cierto modo, una metáfora de la propia labor intelectual a la que Higashitani se entrega en estos artículos. Ninguna grulla de papel traerá la paz; ningún texto literario detendrá un bombardeo ni traerá verdadera redención a los condenados de la Historia. Pero el mundo es ciertamente un lugar más llevadero mientras haya manos que extraigan pájaros del papel y voces que encuentren el tiempo de mantener tales gestos frescos para la memoria venidera.