Traducción de Celia Filipetto. Libros del Asteroide. Barcelona, 2022. 324 páginas. 20,95 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Aránzazu Miró
La promesa -esa promesa que a lo largo de la obra no se cumple- es el hilo conductor de esta novela que narra la descomposición de una familia a la vez que la del país que les acoge. Una excelente narración de la evolución de Sudáfrica, que solo es el telón de fondo que permite ir situando el transcurso de los protagonistas, los Swart, una familia blanca establecida en una granja de Pretoria, sin preocupaciones económicas gracias al espíritu empresarial del padre.
La muerte de la madre desencadena el conflicto que da lugar a la promesa del título, esa que solo se resolverá al final: la promesa de donar a Salome, la invisible cuidadora negra de la familia -«ah, Salome venía con las tierras»−, la pequeña casita donde vive, situada en los terrenos de la granja. El recorrido de esa promesa hasta su consecución -o no, el final no lo desvelaremos-, se actualiza en los funerales por las sucesivas muertes de sus miembros. Cada uno de esos encuentros, con su testamento y sobre todo su reunión familiar, ocupa uno de los cuatro capítulos en que se estructura la novela. Todos separados por un lapso de tiempo.
Así, Damon Galgut nos introduce en la evolución personal y sobre todo mental de los miembros de la familia y de toda su comunidad: de los representantes religiosos al sin techo que habita el pórtico de la iglesia o el psicoterapeuta al que acude uno de los hermanos; con una habilidad casi cinematográfica el autor nos permite acompañarle en un recorrido visual por el entorno que ubica y sobre todo interpreta el contexto, el modo y manera donde vive la familia.
De una Sudáfrica segregada a la liberación que supone primero el ascenso político de Mandela -«de la celda al trono, jamás pensé que vería algo así»- y el advenimiento posterior de Thabo Mbeki, muy cercano en relaciones sociales a alguno de los personajes, la novela transita por los conflictos raciales, pero también por los religiosos, con el interés incluso por la espiritualidad "alternativa"; por los bajos fondos y la resolución de deudas, por el abuso del alcohol, pero también por la excitación de los símbolos externos del poder, con sus tramoyas amorosas.
Todo ello recorre la narración, una novela de madurez en la escritura del pretoriano Damon Galgut, con la que ha obtenido el Premio Booker del año 2021, y que recién aterrizada en castellano a través de Libros del Asteroide, ha alcanzado ya su segunda edición.
Lo mejor de la novela es su escritura sorprendente, como saltarina, como a borrones que en realidad son clarísimas apreciaciones; con sabias reflexiones en las voces de los distintos personajes, tan variados: «¿Para qué sirve la familia?» -se preguntarán-, así como de pasada, sin entorpecer la narración. El jurado destacó como valor de la obra la «espectacular demostración de cómo la novela puede hacernos ver y pensar». Pero es que, sobre todo, lo hace introduciéndonos en los personajes, en cada uno de ellos, que van apareciendo en constante alternancia. Cómo narrar a partir de sobreentendidos y escritura entrecortada, destacaría yo, pero tampoco querría dar a entender que la novela necesita doble lectura, porque no es así.
Resulta ágil, ligera, muy visual, con un lenguaje adecuado a cada momento y personaje, espléndido en el efectismo que permite la inmersión en cada uno de ellos. Son cuatro muertes y una promesa latente, que las leyes primero no permiten aplicar pero sí después, con la evolución del país. Y esa muerte con que da inicio, a modo de ejemplo, la narra Galgut así en monólogo interior de uno de los personajes secundarios pero persistentes, como es la tía tannie Marina: «¡La terrible noticia revelada en público, delante de la directora! Pero su sobrina, ese bulto gordo e inútil, apenas ha dicho palabra». Gran retrato de la vanidad y el desconcierto, lleno como tantos retratos y aconteceres, de perlas así. Un gran placer de novela.