Opinión

Infancias robadas

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 05 de diciembre de 2022

El niño guarda el temblor de la belleza y la perfección: es el hombre en su estado más puro y primigenio. El niño se mira en el rostro de los adultos, toma ejemplo de ellos y se hace mayor fijándose en sus mayores. El niño es el artesano de las emociones, que modela con la materia prima que el mundo le ofrece: todo niño es un artista y va dejando tras de sí un reguero de ilusión, imaginación y hasta Technicolor, por el mero hecho de ser niño. Las artes, la literatura y el cine imprimen en el infante una fe de vida, guiado siempre por la mirada atenta de sus padres, tíos y hermanos mayores… El niño le pone alma a los personajes y vida a los cuentos, de los que va adquiriendo sus señas de identidad y haciéndose hombre en el futuro inmediato, que es labrarse un porvenir ético también.

El domingo vimos en uno de los cines de las afueras de Madrid, por mera curiosidad y para echarle un ojo a la vanguardia palomitera y festiva, la película Noche de paz, gamberrada hiperviolenta y malsonante de Tommy Wirkola con guion de Josh Miller y Pat Casey, donde destaca el duelo interpretativo entre David Harbour y John Leguizamo. La sala estaba llena de niños –acompañados de sus respectivos progenitores– que celebraban con risas las muertes, insultos, comentarios sexuales, violencia extrema y las salpicaduras de sangre, en definitiva, de una cinta posmoderna que derriba el mito de un Papá Noel inmaculado, al que sitúa como defensor, maza en ristre, en el contexto de un secuestro de una familia adinerada por parte de unos atracadores dispuestos a hacerse con el botín de una herencia sin dejar testigos. El homenaje a Jungla de cristal (1988), de John McTiernan, esa obra maestra del cine de acción que ya es un clásico, es explícito incluso. Santa Claus se ve implicado en la defensa y protección, cuerpo a cuerpo, de los familiares poco deseables, reunidos en la consabida mansión para agasajar a la adinerada matriarca, ante el asalto de una banda de forajidos armada hasta los dientes.

Entre los muchos homenajes se encuentra también el de Solo en casa (1990), de Chris Columbus, en esa cosa de la niña vapuleando cruel y salvajemente a sus captores en los intersticios del hogar. Pero nada que ver con ninguna de las dos cintas mencionadas: la película de Wirkola, de título original bastante explícito, Violent Night, no es apta para menores de edad… y aún diríamos que para adolescentes impresionables. La información de Cinesa así lo indica y desaconseja que la vean menores de dieciséis años. Para un adulto, la cinta representa una curiosidad, una inversión violentísima de las películas navideñas que quiere tumbar la imagen del anciano venerable que reparte los regalos por todo el orbe montado en su trineo. Algo digno de estudio: mezcla, a partes iguales, ingenuidad candorosa, crimen sádico, estética colorida y de oropel propio de estos días y muchos guiños provocadores que rozan la insolencia sobre el mito de Santa Claus, a quien director y guionistas vulgariza más que humanizan y convierten, finalmente, en un justiciero escapado de un tebeo que deja al forzudo Thor de la Marvel a nivel de primaria.

Los más pequeños se carcajeaban al ver cráneos saltar por los aires bajo la acción de la maza de Papá Noel, repitiendo las frases de la película –“es el verdadero Papá Noel”– o mofándose de comentarios de verdadero mal gusto y de carácter sexual, eso sí, sazonados de unas cuantas palabrotas y expresiones malsonantes, aquellas que jamás osamos pronunciar a su edad porque nuestros padres y nuestros profesores como mínimo nos amonestaban, en un amplio abanico que iba del enfado a la chuleta. Ahora, el padre catarroso de neuronas o neurasténico tiene la capacidad de engendrar y perpetuarse, pero no necesariamente de educar a la prole. Y viene uno cualquiera, entre tonto e infantil, y deja en el colegio a sus hijos rotos como tiernos muñecos, y se vuelve a sus quehaceres sin importarle nada: los “aparcan” allí en las aulas, fuera de sus deberes y obligaciones, porque se desentienden y los dejan en manos de los profesores y maestros, pretextando que para eso pagan y que los docentes están allí para educarlos, dicen. Se olvidan de recogerlos, incluso, cuando termina la jornada escolar. Ignoran que la infancia tiene un tiempo y un compás, que no es otro que el del amor: y el niño es un contemplador de amores.

Pues bien, los papás colegas de los niños del domingo compartían y participaban sonrientes de la alegría del reniego y el juramento, entre bolsas de patatas y regaliz, mientras la pantalla se teñía de rojo y la sangre de los criminales manaba a borbotones regando la nieve a toda velocidad. Esos progenitores inconscientes e inmaduros, esos padres irresponsables que llevan a los más pequeños a ver cine para adultos merecerían que los agentes sociales les retiraran la custodia de sus hijos. El cuaderno vital del niño anota todo, no discierne la realidad de la ficción, su cerebro está procesando y creciendo al mismo tiempo con las imágenes que la sociedad le proporciona. Hasta ahora sabíamos que la crueldad humana no protege la infancia: estas Navidades hemos comprobado que la torpeza, desinterés y bisoñez de muchos tullidos intelectuales les hace llevar a sus retoños a ver películas de mayores, por pura desidia o ignorancia, de esas que antes se calificaban con dos rombos cuando las emitían por la televisión. Todo ese terrorismo en imágenes y formas se irá imprimiendo poco a poco en el alma misma de los pequeños y, de alguna manera, resurgirá, antes o después, en la edad adulta. Tras esa piel fina de humillados y ofendidos ante las historias de Lo que el viento se llevó o Desayuno con diamantes, de Matar un ruiseñor o Dumbo, acusadas arteramente de racismo y de no respetar a las minorías y descontextualizándolas de su tiempo, se encuentra acechante el monstruo de la hipocresía. Solo que, en este caso, es la infancia la que nos están robando unos cuantos enanos mentales que no saben educar a sus desvalidos vástagos. Y el pudridero de la paternidad está lleno de ellos.