Opinión

Solución a la italiana

Andrea Donofrio | Domingo 03 de febrero de 2008
El presidente de la República italiana, Napolitano, ha asignado al jefe del Senado, Franco Marini, el "mandato de exploración" para solucionar la crisis de gobierno abierta tras la salida de Prodi. Marini, un hombre de "consenso", se reunirá con los líderes políticos para averiguar si cuenta con el apoyo suficiente para formar un gobierno interino que reforme el sistema electoral. Definéndola "no una misión imposible sino difícil", Marini tratará de actuar como demiurgo de una nueva mayoría y como Caronte para nuevas elecciones, buscando un verdadero acuerdo sobre la ley electoral, basado en un amplio consenso político. De no conseguirlo, Italia se enfrentaría a unas elecciones en las que Berlusconi cuenta con la seguridad de volver al poder.

Lamentablemente, Italia está demostrando una vez más su falta de "madurez democrática": el mal hábito de una casta política acostumbrada al compromiso y a huir de sus responsabilidades está malogrando la credibilidad democrática del país. La paradoja es que hasta la solución más lógica para salir de la crisis parece un invento, una sufrida victoria del presidente de la República, un experimento de equilibrismo institucional.

La opinión pública y una significativa representación del mundo económico manifiestan su deseo por la reforma electoral. Italia no puede seguir con el actual sistema electoral y parlamentario, con un gobierno formado por 12-13 partidos: un país democrático no puede ver su actividad paralizada por los vetos, deteriorada por mediaciones exasperadas, rehenes de micropartidos. La coalición ganadora debería ser capaz de gobernar durante la legislación completa.

Italia, parte de la UE, no puede permitirse el lujo de un vacío de poder, una realidad ingobernable, confusa y pendenciera. Elecciones hoy podría significar inestabilidad mañana: una victoria de Berlusconi podría ser una victoria pírrica, en la que el país padecería las dificultades de siempre.

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