Enrique Arnaldo | Jueves 09 de octubre de 2008
Las cosas están delicadas. Aunque tal vez sea pecaminoso recordarlo pues lo políticamente correcto es no azuzar los demonios sino lanzar mensajes de zapateril optimismo.
Pero los datos son tal elocuentes que no dejan espacio para la alegría. La bolsa no pasa un día sin bajar (hace un par de sesiones no llegaban a siete las sociedades que habían crecido 0,01 céntimos por acción). El consumo se encuentra bajo mínimos, particularmente los bienes cuya sustitución puede esperar (electrodomésticos, automóviles, ropa...). Los bancos tienen cerradas las llaves del crédito. Las cifras de desempleo simplemente espeluznan ante el rapidísimo incremento mes a mes. Las Administraciones Públicas se las ven y se las desean para el pago de los gastos corrientes y no pocas han dejado de abonar las facturas de los suministradores.
La mayor parte de la gente está estupefacta. No sabe a qué atenerse. Comprueba que hay nerviosismo político – económico y cada uno, descontado que nadie mejor que uno mismo vela por sus propios intereses, se las apaña como puede. Algunos dividiendo los depósitos entre varias entidades bancarias para garantizarse 20.000 euros por cada una. Otros retornando al calcetín, al colchón o al cajón oculto. Otros haciendo cola en el Banco de España para comprar letras del Tesoro que se presumen seguras. Otros mirando a otros países.
Presuntamente el Gobierno ha reaccionado, pero con pocas explicaciones y menos transparencia. Parece que es tiempo de prietas las filas o de recuperar la fe del carbonero, es decir, de creer a pies juntillas las declaraciones políticas. Y eso en un país en el que es práctica habitual desdecirse y echar las culpas a otro, sea Bush sean los bancos americanos pero, sobre todo, la Guerra de Irak y los muertos de nuestra contienda civil.
El Gobierno pide a la oposición que se ponga un bozal y que no hable. La requiere para que simplemente se adhiera inquebrantablemente, sin rechistar ni sugerir siquiera algún mecanismo de control, de inspección o información.
El españolito de a pie se merece un mejor trato en estas umbrías otoñales. No se acuerden de él solamente cuando tiene que votar.
TEMAS RELACIONADOS: