Alieto Guadagni | Domingo 03 de febrero de 2008
Los países que integran el Mercosur están en presencia de cambios en los mercados de alimentos que exigen comprensión, si pretenden diseñar políticas productivas que creen empleo y reduzcan la pobreza. Recordemos que, durante 30 años a partir de los setenta, los precios de los alimentos se redujeron mundialmente (70 por ciento en términos reales). Influyeron en esta declinación los subsidios de los países industrializados. Pero en los últimos años esta tendencia se revierte; según The Economist el precio de los alimentos está hoy en términos reales en su valor mas alto de los últimos 160 años. La pregunta es si esta tendencia se mantendrá, teniendo en cuenta las amenazas de recesión en los Estados Unidos. Responder a este interrogante es esencial: si creemos que estas alzas de precios son efímeras tiene algún sentido gravar las exportaciones con impuestos, ya que se trata de capturar rentas transitorias. Pero, si estos precios están para quedarse estos impuestos son una mala decisión, ya que impiden responder, vía aumento en la producción y en el empleo agroindustrial, al llamado de los nuevos consumidores mundiales que demandan más alimentos.
Contestar este interrogante exige considerar factores estructurales que sostienen alto el precio de los alimentos. En primer lugar tenemos un hecho nuevo: el aumento en el nivel de vida de más de 3000 millones de personas en países emergentes, cuyo crecimiento es la locomotora del crecimiento mundial, particularmente en el Asia-Pacífico, donde gravitan gigantes como India y China. La clave es el consumo de carnes; cuando el único crecimiento es el de la población, aumenta el consumo de cereales, pero cuando aumenta el nivel de vida aumenta el consumo de carnes. El crecimiento económico modifica la dieta, en 1985 cada chino consumía apenas 20 kilos de carnes por año, hoy está consumiendo 50 kilos. Este aumento impulsa a su vez la demanda de granos, ya que se requieren 3 kilos de granos por cada kilo de cerdo y 8 kilos por cada kilo de carne vacuna. Claro que la demanda china se saciara, pero vendrán nuevas oleadas de consumidores en países emergentes, donde la gente desea que el progreso se traduzca en una dieta con mas carnes. En estos países el consumo directo de cereales apenas ha crecido en los últimos 25 años, mientras el de carnes ya se ha duplicado. Es esta modificación de la dieta que esta impulsando los precios de los cereales, a pesar que la oferta también es creciente y la ultima cosecha mundial ha sido un record de 1.700 millones de toneladas. Este es el nuevo factor estructural que explica la novedosa coexistencia de los precios altos con producciones récord.
Este escenario se fortalece con el aumento en el precio del petróleo que estimula la producción de biocombustible. Por ejemplo, Estados Unidos principal exportador de maíz, dedica hoy mas de su producción al etanol que a la exportación (85 millones de toneladas) cuando en el 2000 apenas dedicaba 15 millones. En los próximos años más de la tercera parte del maíz se dedicará en los Estados Unidos a la elaboración de etanol, gozando de subsidios estimados en medio dólar por litro.
Claro que ahora está presente la amenaza del enfriamiento de la economía mundial, empujada por los malos vientos que están soplando en Estados Unidos; pero tenemos que tener cuidado en no confundir fluctuaciones cíclicas de corto plazo (1 ó 2 años) de la economía mundial con los ciclos largos de carácter estructural que pueden comprender varias décadas. Lo que está ocurriendo hoy con la demanda mundial de alimentos se inscribe en la descripción de las ondas largas (de más de 50 años) que estudiaran Kondratieff y Schumpeter, demostrando que en la fase expansiva de largo plazo de la economía mundial las crisis son más suaves y las recesiones más cortas. El mundo vive hoy una onda larga de crecimiento impulsada por las naciones emergentes con gravitación demográfica; el dato nuevo son centenares de millones que anualmente se incorporan al mercado demandando más proteínas animales. Para el Mercosur ha cambiado el gris escenario internacional, que venía padeciendo desde la Gran Depresión de los treinta, cuando empezó la larga era de precios agrícolas en descenso. La cuestión es saber si serán capaces de aprovechar esta oportunidad y no desperdiciarla con políticas erróneas.
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