Uno de los efectos colaterales que ha traído la guerra de Ucrania ha sido la celebración de la primera Cumbre de la Unión Europea con los Balcanes Occidentales, cuyo resultado principal ha consistido en la inversión de la situación.
La presidenta de la Comisión Europea ha estado en Tirana, que es la capital de Albania, ese pequeño país europeo entre las montañas de los Balcanes, en una cumbre en la que no había nada que escalar porque Tirana está en la planicie de Tirana, surcada por el río Tirana y al borde del lago Tirana.
Y allí entre tanta tiranía les ha dicho a los balcánicos que ellos verán con quién se juntan: si con los buenos, que somos los europeos (como si ellos no lo fueran ya pese a la diversidad) o con los malos que son los otros. Rusia o China o también Turquía, según citación expresa suya.
Naturalmente se comprende que la pregunta de Tirana era vana pues todo el mundo, allí o en cualquier parte, lo que quiere siempre es estar con los buenos y no con los malos, así somos los humanos.
Eso que ha hecho la presidenta de la Comisión en el lenguaje diplomático, que se supone es lo que ella debe manejar por su cargo, significa dar un ultimátum. Y dado que como va pregonando la Unión el estado de derecho, veamos a continuación cómo está la situación legal internacional en un tema tan fundamental como la guerra y en consecuencia lo que habría que haber, mejor dicho, hecho de hecho y de derecho en Tirana.
La Convención de La Haya de 1907 referida a “La apertura de hostilidades” dice en su preámbulo:
“Considerando que es importante para asegurar el mantenimiento de relaciones de paz, que las hostilidades no hayan de comenzar sin aviso previo”.
Y conforme al artículo 1º:
“Las partes contratantes reconocen que las hostilidades entre ellas no deben comenzar sin previo y explícito aviso en forma o de una declaración razonada de guerra o de un ultimátum con una declaración condicional de guerra.”
El artículo 2º, por su parte, añade que el estado de guerra también debe notificarse a los neutrales, los cuales, advierte sin embargo, no pueden confiar en su ausencia (de la notificación) si claramente resulta que de hecho ya hay un estado de guerra.
Y según el artículo 5º cualquier estado se puede adherir a la Convención sin necesidad de haberla firmado.
La declaración de la presidenta de la Comisión ha ido acompañada a su vez o inversamente, aquella de esta, de una declaración formal por escrito de los representantes europeos en la Cumbre, donde exponen unas conclusiones en las que dicen que sus “socios” se “alinean” con ellas, que es como cordialmente han denominado a los países de la zona y a lo que allí han hecho.
De manera que la cosa en los Balcanes queda o bien con la democracia acompañada de inversión, como se detalla razonadamente en la declaración, o bien en “ir por otro camino” como ha dicho la presidenta, o sea, con eufemismos, es decir con quienes hasta hace poco eran nuestros socios incondicionales, después solo comerciales y dentro de poco enemigos mortales.
En este caso y sin perjuicio de la inventiva tradicional que rige en el derecho internacional, la diplomacia europea el ultimátum que ha dado en la capital de Albania no ha ido acompañado de una amenaza real sino de una oferta de inversión de capital.
La táctica “o lo coges o lo dejas” en una negociación, cuando de cantidad de dinero se trata, es un arma de doble filo pues si cerrase toda posibilidad posterior o así lo entendiese el receptor, puede ser más perjudicial que benefactor.
La otra parte sujeta a esa treta es lo más normal que quiera una rebaja sobre el precio inicial, pero es que además si hay susceptibilidad puede provocar resentimiento cuando el ofertante se tira un farol sobre cuál es su tope de inversión, de modo que el otro acabará yéndose con viento fresco adonde le traten mejor.