Por primera vez, y tampoco se crean que me hace mucha gracia, el Tribunal Constitucional ha accedido a paralizar una ley en trámite, es decir, antes de ser aprobada. Suena raro, pero argumenta que lo hace en defensa de la minoría parlamentaria. Si aplaudo la decisión es porque ningún Gobierno está por encima de la ley y no falta quien entienda que se para de esta forma los pies a Pedro Sánchez y sus ansias por tomar el Poder Judicial.
Sobre la mesa muchas dudas e, indudablemente, un cierto regusto a que en España no se están haciendo bien las cosas. ¿Qué falla cuando una parte de la clase política habla de complot y golpe de Estado de los jueces y la otra, la de enfrente, argumenta que se trata de hacer Justicia y salvar la Democracia?
Como en tantas otras cuestiones fundamentales para la normal convivencia, la explicación está en la España polarizada, esa del blanco o negro (como si no hubiera grises), del todo o nada, de rojos o fachas, de las derechas o las izquierdas y siempre en guerra constante por cualquier cosa, pero ahora más con la deriva del Gobierno en la cesión a todos los chantajes de los socios populistas, independentistas y amigos de ETA. Estos días esta España dividida socialmente no ha sido menos vehemente, para bien o para mal, a la hora de opinar sobre ese frenazo a la tramitación en el Senado de las dos enmiendas parciales introducidas en la proposición de modificación exprés del Código Penal.
No parece cosa menor atender las demandas del PP, que ha alegado la vulneración del artículo 23.2 de la Constitución al entender que se estaba atropellando el derecho a la participación política de sus diputados en algo tan importante como son las leyes orgánicas que regulan el funcionamiento del Consejo General del Poder Judicial y del propio Tribunal Constitucional. Así, el pleno de este tribunal de garantías ha paralizado de forma cautelar la tramitación de dos enmiendas presentadas por PSOE y Podemos para cambiar sin opción a debate, por la vía de urgencia y por la puerta de atrás, es decir, dos enmiendas que no tienen nada que ver con el principal.
No deja de llamar la atención que el “bloque progresista” de los jueces se apoyara en la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que dice que antes de adoptar cualquier decisión se debe examinar la composición del tribunal para cumplir con la apariencia de imparcialidad de sus miembros. ¿Ven como yo la incongruencia de un “bloque progresista” apelando a la imparcialidad de un “bloque conservador”?
Lo que es incuestionable es que la mayor parte de los ciudadanos no sabe de qué se está hablando. Se opina sí o no, a favor o en contra, según el color de la propuesta. Si ya es así por lo general, en cuestiones de debate jurídico, mucho más. Si tan importante es para el PSOE sacar adelante todas estas leyes de calado, bueno sería que esperara a las próximas y ya cercanas elecciones generales y Pedro Sánchez lo incluyera todo, sin mentir, en su programa electoral. Así nadie se sentirá engañado y sería un ejercicio de transparencia y verdadero demócrata. Otra cosa sería comprobar cuántos le votarían...
Estamos en lo de siempre, en eso que hemos llamado doble rasero y que viene a ser el pan nuestro de cada día desde que, repito, Pedro Sánchez se debe a sus socios de moción de censura y apoyo parlamentario para seguir en el Poder. Es verdad que con esta decisión del Tribunal Constitucional ha pasado algo que no había sucedido nunca antes en 40 años de democracia, pero es que también es verdad que nunca antes habían pasado cosas como las que están pasando en esta legislatura con el Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos con el apoyo de ERC, PNV y Bildu.
Y para rematar, el presidente del Gobierno sembrando la duda constantemente sobre el funcionamiento de unos órganos judiciales que ha quedado demostrado busca controlar de la forma que sea. ¿Por qué insiste tanto Pedro Sánchez en que hará las cosas conforme a la ley y la Constitución? ¿No se supone que tiene que ser siempre así? Quizá sea por la influencia de sus compañeros de cama...
Pero lo peor es que mientras hablamos de estas enmiendas suspendidas por el Constitucional, continúa la tramitación en el Senado de la reforma de la sedición y la malversación. “Pide todo que algo te darán”. Para algunos de esos que se llaman “progresistas”, amigos de Pedro Sánchez condenados por sedición o corrupción, la cosa no va tan mal después de todo. ¡Hasta puede que se libre de la cárcel!