Opinión

Iberoamérica: invertebrada o un descuajeringue

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Miércoles 21 de diciembre de 2022

Ahora que España prepara sus tres carabelas políticas para tratar de asumir una especie de liderazgo geopolítico en Iberoamérica, sería bueno que se tomaran en cuenta los indicios de la crisis de viabilidad de la región a partir de la crisis de Perú, el golpe de Estado del presidente Pedro Castillo y su encarcelamiento por órdenes del Congreso y del Ejército.

El mapa geopolítico de Iberoamérica --la suma de América Latina continental y el Caribe-- presenta los perfiles de una severísima crisis de viabilidad regional, pero en momentos delicados en los que pudiera tomarse una decisión de cohesión sin el agobio imperial de Estados Unidos y en medio de un archipiélago de países con gobiernos nacionalistas y con definiciones populares, una variedad numerosa que pudiera explicárseles como gobiernos populistas de derecha, izquierda o centro.

Por primera vez en la región iberoamericana existe una mayoría de países que han logrado mantener, en mayor o menor medida, un espacio de definición geopolítica ajena a los viejos lineamientos de subordinación a los intereses norteamericanos, un escenario de autonomía relativa que difiere del existente en 1962 cuando la Casa Blanca dio la orden a todos los países de la Organización de Estados Americanos de romper relaciones diplomáticas con Cuba por la definición marxista-leninista del régimen de Fidel Castro.

El espacio iberoamericano encuentra a una Casa Blanca sin enfoque de seguridad nacional autoritaria y, peor aún, sin un rumbo geopolítico coherente, producto de la incapacidad del pensamiento geopolítico de la Comunidad de Inteligencia americana después de la desaparición de la Unión Soviética en 1991. Los seis presidentes de la nación no han sabido construir un verdadero liderazgo político, militar y sobre todo moral sobre un continente que fue auto escriturado como propio con la doctrina Monroe de 1823 que decretaba que América era para los americanos, en el entendido de que el concepto de “americanos” era decir Estados Unidos de América.

La presidencia de Joseph Biden ha carecido de un enfoque de seguridad nacional que tuvo EU después de la Segunda Guerra con su Acta de Seguridad Nacional de 1947, más tarde con la guerra fría de 1962 y después la Alianza para el Progreso de Kennedy. Los enfoques de seguridad de las administraciones de Nixon y Reagan fueron más de dominación de un imperialismo brutal y vulgar que llevó, por ejemplo, al punto culminante de operar el derrocamiento del presidente constitucional chileno Salvador Allende en 1973 para destruir una experiencia de socialismo nacionalista democrático, institucional y constitucional y condenar a ese país a una larga crisis que todavía vive las secuelas de aquel golpe como una simbólica invasión estadounidense.

El escenario de Iberoamérica podría resumirse en una agenda de tres temas:

1.- Política. El espíritu unitario que logró una comunión de países que lograron la independencia de España a principios del siglo XIX nunca pudo configurar sistemas políticos nacionales sólidos y la región fue sacudida por una larga lista de golpes de Estado, rupturas internas e invasiones que hasta la fecha impiden el sentido de una cohesión regional. El ánimo festivo de Hugo Chávez no pudo consolidar una comunidad geopolítica sólida.

2.- Geopolítica. De modo natural, los países iberoamericanos fueron cayendo en el siglo XIX bajo el dominio de los intereses estadounidenses, y en la primera mitad del siglo XX hubo explosiones de autonomía basados en las primeras expresiones de populismos bonapartistas basados en el liderazgo de dirigentes carismáticos qué más o menos perfilaron objetivos de bienestar social, aunque a costa de la estabilidad económica. La revolución cubana rompió de tajo con Estados Unidos, pero nunca pudo construir una comunidad internacional por carecer de un proyecto económico funcional. La nueva ruptura de Iberoamérica con Estados Unidos comenzó a principios del siglo XXI con el liderazgo de Chávez, pero sin un verdadero proyecto de cohesión continental.

3.- Modelo de desarrollo. a pesar de tener modelos productivos similares, los países iberoamericanos nunca pudieron considerar la posibilidad de una comunidad internacional integrada, ni siquiera antes del ciclo de los tratados comerciales. El único intento de reflexionar un modelo propio ocurrió a finales de los años 50 con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en la búsqueda de un pensamiento económico propio, pero chocando siempre con los intereses políticos de los gobiernos coyunturales y de los liderazgos mesiánicos. A la vuelta de los años Iberoamérica está dependiendo de poder asumirse como un mercado común americano subordinado a la poderosa economía capitalista de Estados Unidos.

La crisis interna del presidente peruano Castillo reventó los pocos avances en el tejido geopolítico de un grupo de gobiernos nacionalistas de corte populista que estaba reflexionando la necesidad de una comunidad iberoamericana integrada. Las presiones de la Casa Blanca sobre los gobiernos de la región han llevado a una polarización: de un lado, el enfoque estabilizador estadounidense; de otro, los pronunciamientos sobre todo de México respecto a la autonomía de Perú para condenar el golpe y el encarcelamiento del presidente castillo, pero sin lograr algún grupo de presión regional que pudiera imponer otra interpretación de la crisis en Perú.

Lo poco avanzado en discursos integradores quedó borrado del discurso de posibilidades geopolíticas y está dejando a una Iberoamérica aún más fracturada y sin alguna propuesta concreta para encontrarle una salida institucional a la crisis de Perú. en este escenario de continente invertebrado o descuajeringado-- viene ya el interés de España por liderar una región al garete.