Opinión

Perder la Identidad

Beatriz Reyes Nevares | Viernes 10 de octubre de 2008
Nuestro personaje – hay que dejarlo muy claro— no es un pocho vulgar, o pachuco de las películas de Tin Tan, de los que ansían pensar en inglés y sueñan con que México se convierta en un estado de la Unión. El campesino transplantado a la ciudad, que a lo mejor rento su ejido a algún narcotraficante pese a haber descubierto el American Way of Life, no traiciona. Se deja seducir, y como no traiciona, padece. Acaba por avergonzarse de creencias, costumbres y supersticiones y de todo ese sincretismo que traía consigo desde su niñez, y acaso desde la niñez de su estirpe.

Ha empezado a no acatarlos, advierte como de soslayo su desvío, y no sabe si es alegría o tristeza lo que siente. Las espléndidas novedades con que se topa en el ambiente urbano, hijas de la técnica lo inquietan y deslumbran, aunque no llegan a desgajarlo del todo del tronco cultural del que proviene. No vuelve la espalda a lares y penates. Si en el ambiente nuevo, el de los milagros electrónicos y cibernéticos, no hubiera rechazo en su contra, de todas maneras vacilaría antes de dar el paso y llegaría a retroceder, cohibido por el peso mismo de su origen indígena. La piel oscura, la propensión al ensimismamiento, el gusto por el circunloquio, la vocación del medio tono y junto a ella la fascinación de los colores estallantes; susurro y grito, suavidad y violencia, todo lo ata, mientras le llega desde el exterior, un requerimiento cada vez más vehemente; una exhortación a romper la atadura.

Se despierta en el un sentido de pertenencia cambia la “chela”, “la chela bien elodia”, el pulque, el mezcal, de Oaxaca, Durango o Zacatecas y el tequila, símbolo de José Alfredo Jiménez, de Pedro Infante y en los años 40 de Jorge Negrete y Cantinflas. De chalán de la construcción, poco a poco, entra en la mafia y se integra al barrio Logan de San Diego California, tan cerquita de la Tijuana de nuestros pecados. Que cada 4 de julio es la cantina y el burdel de todos los adolescentes californianos, como lo son Juárez, Nuevo Laredo o Nogales de los “gringos” de Texas o Arizona.

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