Opinión

Crisis (Kráisis)

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 10 de octubre de 2008
Desde que los italianos del siglo XIII inventaran la letra de cambio, esto de la economía se sostiene sólo por la fe – todo Baal se ha sostenido siempre por la fe -, por la pura confianza en los otros – de la brotherhood a la oherhood -. Y el objeto de la fe es inexplicable, indemostrable, no verbalizable. Como el Ser de Gorgias. Por no saberse no se sabe todavía las verdaderas e inequívocas causas que produjeron The Great Depression, de 1929. Si leemos a Milton Friedman o a Anna Schwartz tendremos opiniones opuestas a las de Peter Tenin o a las del propio Keynes. Por lo que creer en la crisis actual lo que dicen los ministros de economía sería absurdo. Lo que sí es cierto es que los mercados no pueden vivir sin crédito – aquí todo es cosa de credos -, si los bancos y los banqueros no siguen actuando de intermediarios entre compradores y vendedores. Pero el crédito – es decir, la fe – puede sufrir un colapso brutal si persistiese la ansiedad e impaciencia actuales, que pueden llevar a un pánico generalizado. Y adelantar fondos nacionales, públicos, ante la emergencia de bancos privados también puede llevarnos a la bancarrota del Estado. Pero no hacerlo puede congelar el mercado. Todo tiene “both sides”. Y Bush ha escogido uno. Dios nos pille confesados. De todos modos, la buena salud de los bancos representa la primera condición para expandir la actividad económica y el empleo, aunque ellos en sí mismos estén más interesados en el beneficio que en el servicio público. En nuestro país la cosa aún no es alarmante cuando observamos a qué precio compran dinero en el exterior bancos como el BBVA y el SANTANDER, pero ni siquiera estas dos saneadas entidades financieras pueden ser totalmente impermeables a los altibajos del entorno internacional. Todo se comunica. Y si la ósmosis afecta a los períodos de vacas gordas, con mucha mayor razón afectará a los períodos de vacas flacas.

Ahora bien, un gobierno sectario como es éste, un gobierno de pura bandería como es el caso, utilizará el dinero público, el de todos, en esta crisis para enriquecer inmensamente a los fieles y seguidores (los Pasión de la época de Demóstenes y Esquines), y eliminar y suprimir a los financieros díscolos. Algunas Cajas amigas van hacer el agosto con esta crisis. El fanatismo de Zapatero hace imposible toda equidad gubernamental y, por ende, dejará a España sin reservas, encima con una balanza de pagos atrozmente desfavorable, arrojándola al abismo. Eso es seguro. Además, el Banco de España y la banca privada son complementarios, pero jamás alternativos. Por otro lado, este enorme reflujo de “hot money” de los Bancos Nacionales podría suponer también una presión deflacionista sobre Occidente.


Si a los políticos les otorgamos la potestad de decidir a quiénes se les van a asignar los créditos devenidos de los ahorros de todas las libertades civiles desaparecerá ipso facto. Nos encontramos aquí con la verdad económica básica de que el razonamiento apropiado para el corto plazo (Bush) a veces no debe aplicarse en el largo plazo, y viceversa.

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