Opinión

El imperio americano y el "relato"

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Domingo 25 de diciembre de 2022

Ha sido muy afortunado el que ha dado a la palabra relato esa nueva acepción que se refiere, no a la acostumbrada de sinónimo de narración con ánimo de atenerse a la realidad sino, precisamente a hacerlo con ánimo de disfrazarla para conseguir unos objetivos.

Y ahora vemos que nos faltaba una palabra para denominar esa intención tergiversadora que se ha producido en todos los tiempos y en todas las facetas humanas. No es solo mentir, es adobar unos hechos o ideas con ánimo de conducir a individuos, grupos, masas o naciones por el camino que a alguien le interesa. No es solo “Acción de relatar un acontecimiento de palabra o por escrito”. Es hacerlo con ánimo de engañar. Quizá hay que inventar una palabra o emplear otra.

Se me ocurre este preámbulo cuando estoy enredado con el admirable “relato” que EE.UU. ha hecho de su historia y que le ha ayudado a convertirse en líder de un nuevo imperio.

Ha sabido utilizar, magistralmente, el cine, nuevo “cantar de gesta”, como un medio todopoderoso de propaganda. para “relatarnos” lo que podría considerarse su “leyenda blanca”.

Primero cómo se formó su nación. La epopeya de los “desvalidos” colonos blancos que no tuvieron más remedio que ocupar, a sangre y fuego, las tierras de los “malvados” indios aborígenes, a los que exterminaron por no dejarse ocupar, pacíficamente, las tierras que habían poblado ancestralmente. (Los indios, claro).

Después nos “relatan” cómo “se vieron obligados” a arrebatar, mediante guerra, un buen trozo de su nación a los “malvados” mejicanos que incurrieron en la misma falta de hospitalidad..

También nos cuentan, con orgullo, como fueron pioneros en la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos, establecidos en su Constitución de 1787 (antes que la Revolución Francesa), lo que no les impedía el mantenimiento de la esclavitud.

Me hace recordar la anécdota de aquel visionario griego que predicaba la democracia en la plaza del pueblo (Ágora), clamando por la igualdad y libertad de todos los ciudadanos. ¿Y quién cultivará los campos?. Le preguntaba un ciudadano suspicaz. A lo que el “progresista” contestaba mosqueado: ¡Hombre, los campos los cultivarán los esclavos!

Los americanos no nos explican lo chirriante de esta contradicción. Quizá, los esclavos eran reticentes a abandonar su condición y encontraban placer en cultivar los campos de algodón de sus dueños, pues no se dispuso de la Ley de Derechos Civiles, en la que se reconocia la igualdad de derechos de negros y blancos hasta 1964.

Y había poco interés en mezclarse pues no se permitió el matrimonio interracial hasta 1967. Y hoy es el día que, con ley o sin ley, no se atisba el propósito de mestizaje. Ni siquiera después de ver la película “Adivina quién viene esta noche”.

Su “Leyenda blanca” nos “relata” como los pacíficos y pacientes americanos se han visto arrastrados a intervenir en todas las guerras del siglo XX y… las del XXI, bien en apoyo de su belicosa estirpe europea, bien en defensa de la democracia y la libertad. A consecuencia de lo cual, no han tenido más remedio que armarse hasta los dientes creando un poder (industria y ejército) al que nadie

puede rechistar. Y quizá como premio a su desvelo, se han convertido en el país más rico y poderoso de la Tierra.

“Leyenda blanca”, como digo, “relatada”, durante todo un siglo, hasta en los cines de sesión continua. Películas del Oeste, de guerra, de West Point, de la Casa Blanca, políticas, etc… con tanto éxito, que los exquisitos europeos, que “nos la cogemos con un papel de fumar”, relegamos a nuestros genios del tamaño de Fellini, De Sica, Bergman, Hitchcock, etc…tras los directores americanos.

Hasta tenemos, en España, a grandes intelectuales a los que no les cae de la boca el nombre de John Ford, gran director, pero cuyo cine es eminentemente militarista y patriotero y está dedicado, sin disimulo, al “relato” de esa “leyenda blanca”.

En fin, amigos, hay que aplaudir a EE.UU. por su habilidad. Y más los españoles que dejamos, tontorronamente, que nos endilguen “la Negra”. Y si hay que pertenecer al Imperio Americano se pertenece, que peor es estar fuera, pero las cosas como son… y no como se relatan.