Opinión

Chirigota electoral de Rajoy y Zapatero

Joaquín Vila | Domingo 03 de febrero de 2008
Los carnavales que estos días desquician al más templado con chillidos, despliegue de plumas y demás fanfarria atolondrada, que atascan las calles de medio mundo con carrozas atestadas de bailones y desfiles multitudinarios, tienen en España una versión, al menos ingeniosa, guasona y, muchas veces, hasta literaria. En Cádiz, en teatros y plazas, ciertas agrupaciones musicales caricaturizan con sus canciones a todo el que se ponga por delante. Sin piedad.

Las llamadas comparsas suelen cebarse con los políticos, por lo que este fin de semana, a poco más de un mes de las elecciones, buena parte de las chirigotas han estado dedicadas a los candidatos de los dos grandes partidos. Y se han mofado a gusto.

Hay que reconocer, que las coplillas inspiradas en Rajoy tienen su gracejo. Una de las comparsas, con estribillo pegadizo y a ritmo tanguero, le recomienda al presidente del PP que, de aterrizar en la Moncloa, lo primero que tiene que hacer es nombrar a Gallardón ministro de lo que sea, so pena de que el alcalde de Madrid le invada los jardines de palacio con un ejército de excavadoras pesadas y estruendosas para perforar un nuevo túnel de la M-30 bajo su despacho.

Llamazares es vapuleado a ritmo de seguidilla. Al político comunista le disfrazan de monaguillo de Zapatero, porque, dicen en sus versos, con rima cadenciosa y cachondona, que se ha pasado la legislatura atacando al PP en lugar de cumplir la misión encomendada por su electorado; esto es, convertirse en la oposición al Gobierno del PSOE desde su izquierda. La sátira concluye que, a cambio de tan valiosos servicios prestados, Zapatero colocaría al líder de IU como ministro de Exteriores, para, de paso, cuajar definitivamente su alianza de civilizaciones con Castro, Chávez y el propio presidente de Irán en la mesa presidencial. Bromitas, claro.

Con menos guasa, por si la gracieta pudiera cumplirse, se escuchaban los estribillos de una agrupación gaditana al situar a Pepiño Blanco, por su preclara oratoria y su erudición, al frente del Ministerio de Cultura. La canción concluía con otra amenaza: que Blanco podría también tomar la cartera de Educación. Por educado, claro.

Pero la más cruel de las sátiras se la dedican las comparsillas, cómo no, a Zapatero. La canción suena ácida, cruel y, según algunos, injusta. La comparsa más nutrida y estruendosa de Cádiz se marcaba una copla sobre las verdaderas intenciones del presidente del Gobierno al desplegar toda la artillería pesada del Estado para impedir a los proetarras de ANV y PCTV que se presenten a las elecciones. Según los guasones gaditanos, se trataría de una triquiñuela electoral para rebañar unos votos y que, nada más ganar el 9-M, si tal suceso ocurriera, volvería a sentarse con los de las pistolas "para seguir luchando por la paz". Llegan a canturrear, a coro y a voz en grito, que ilegalizar ahora a estos matones no es más que un nuevo pacto con ETA, soterrado, secreto, vergonzante, pues los terroristas están dispuestos a sacrificar a sus peones políticos con tal de que su gran interlocutor permanezca al frente del Gobierno.

Son coplillas nada más. Unas tienen su gracia. Otras, ninguna.

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