El año termina con datos económicos preocupantes que deberían invitar a la reflexión. En los últimos meses, la inflación se ha convertido en uno de los principales problemas para los hogares españoles. El INE ha publicado el IPC de diciembre, que no hace sino confirmar que la escalda de los precios sigue en niveles intolerables y va para largo. Si bien el dato de inflación se situaba en el 5,8%, la inflación subyacente, que excluye los bienes cuyo precio experimenta mayores vaivenes, alcanzaba el 6,8%, un indicador de que la inflación no es una asunto anecdótico, sino más bien un problema que puede devenir estructural, en caso de que no se tomen las medidas adecuadas.
Pero es en el precio de los alimentos donde el problema resulta más agudo, ya que continúan con subidas disparadas del 15%, lo que se deja notar en el día a día de los ciudadanos de a pie.
El mazazo en los bolsillos españoles ya se deja notar sobre la tasa de ahorro que, sin ajustes estacionales, cae a terreno negativo al situarse en el 3,2%, según el INE, que también registró la mayor necesidad de financiación de los hogares de los últimos 15 años.
Ante esta realidad, el Gobierno de Pedro Sánchez ha puesto en marcha la maquinaria de titulares efectistas para cerrar el año con el anuncio de un cheque para rentas inferiores a 27.000 euros y cuyo patrimonio no exceda los 75.000 euros sin contar con la vivienda habitual. No es necesario mirar la medida con lupa para concluir que se trata de un cambalache. Se trata de una ayuda anual y apenas supone 17 euros al mes, con los que difícilmente puede aliviarse la pérdida de poder adquisitivo que la inflación supone para cualquier hogar, con especial incidencia en los más desfavorecidos.
Durante la crisis financiera de 2008, el mercado laboral entró en barrena y las cajas de ahorro tuvieron que ser rescatadas con dinero público. Después, la crisis de deuda soberana llevó a España al borde de la quiebra. Las finanzas públicas reflejan una deuda exorbitante que pesará sobre los hombros de los españoles en los años venideros. La pandemia de Covid arrasó el crecimiento económico y todavía no se ha recuperado lo perdido en aquellos meses terribles. La guerra en Ucrania agudizó un proceso inflacionario que ya había comenzado a vislumbrarse antes de su estallido, merced a la manirrota política sanchista.
Conviene dejar a un lado las frivolidades, los cheques-regalo, la baja política, torpe e improvisada, y lanzar una mirada de largo alcance sobre las debilidades de España, donde las crisis económicas golpean con una especial virulencia, muy superior a la de otros países del entorno.